Este es el pueblo de Murcia con un casco histórico gigantesco y una ciudad perdida

En el interior de Murcia hay un pueblo donde la historia no se visita, se camina, un pueblo que presume del casco histórico más grande de la región y de una ciudad perdida que durante siglos fue casi un mito, con cuestas empedradas y muros antiguos que parecen susurrar que el pasado sigue muy vivo.

Murcia guarda pueblos que no se entienden a la primera mirada, lugares donde cada calle parece esconder una historia y cada piedra tiene memoria. En el interior de la región, lejos del ruido y de los tópicos más repetidos, hay una localidad que sorprende por la dimensión de su pasado y por la forma en que lo conserva casi intacto. Aquí, la historia no se cuenta en paneles turísticos, se pisa, se sube y se baja por cuestas empedradas que llevan siglos viendo pasar generaciones.

En Murcia, pocos lugares condensan tantos siglos en tan poco espacio como Cehegín, un pueblo que presume del casco histórico más grande de la región y de una ciudad desaparecida que durante siglos fue casi una leyenda. Desde duelos a muerte en pleno siglo XVII hasta una antigua sede episcopal visigoda enterrada bajo campos de cultivo, este rincón murciano ofrece un viaje continuo entre épocas, con la sensación constante de estar caminando sobre capas de historia superpuestas.

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Ermitas, leyendas y una devoción que marca el paisaje

“Paisajes llenos de historia”. Fuente: Wikipedia

Entre los muchos templos que salpican Cehegín, hay dos que explican bien la relación entre historia, leyenda y fe. La ermita de la Purísima Concepción, donde Martín de Ambel pasó casi cuatro décadas refugiado tras un duelo mortal, es uno de los edificios renacentistas más impresionantes del Levante español. Su techumbre mudéjar y su presbiterio policromado estuvieron a punto de desaparecer, salvándose in extremis gracias a su declaración como Monumento Histórico Nacional.

El Santuario de la Virgen de las Maravillas, patrona y alcaldesa honorífica del pueblo, completa este mapa espiritual. Este ejemplo único del barroco murciano alberga una imagen llegada desde Nápoles en el siglo XVIII tras una travesía llena de contratiempos que acabó convirtiéndose en parte de la identidad local. En Murcia, pocos pueblos viven su devoción con tanta intensidad y la integran de forma tan natural en su paisaje urbano y en su relato histórico.

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