Las bebidas energéticas están en todas partes y ya no se asocian solo a noches largas o exámenes finales, sino que ahora también se han colado en el mundo del fitness, donde muchas se promocionan como un empujón para activar el metabolismo y, de paso, ayudar a perder peso. En redes sociales es habitual ver a entrenadores e influencers con una lata en la mano antes de entrenar, hablando de quema de grasa y definición como si fuera el complemento perfecto para el gimnasio.
El problema es que, más allá del marketing, la pregunta sigue en el aire: ¿de verdad las bebidas energéticas ayudan a adelgazar o estamos ante otro mito bien vendido? Los expertos en nutrición y medicina deportiva llevan tiempo analizando sus efectos y, aunque reconocen que algo hacen, también advierten de que el impacto real es bastante más modesto de lo que prometen algunas etiquetas.
1Un empujón pequeño y temporal
Si las bebidas energéticas tienen algún efecto sobre el metabolismo, la responsable principal es la cafeína. Este estimulante puede aumentar ligeramente el gasto energético a corto plazo, algo que los estudios llevan años señalando. En términos simples, sí, tu cuerpo puede quemar un poco más de calorías después de consumirla, pero ese efecto es limitado y no dura demasiado.
Algunos especialistas explican que una dosis moderada de cafeína puede traducirse en un pequeño aumento del gasto calórico diario, aunque no lo suficiente como para provocar una pérdida de grasa significativa por sí sola. Es decir, las bebidas energéticas pueden mover un poco la aguja, pero no hacen milagros, y confiar en ellas como estrategia principal para adelgazar suele acabar en frustración.





