¿Cuántos tipos de personalidad existen en realidad? La respuesta de los expertos

Nos encanta ponernos etiquetas como introvertido, extrovertido, o ambivertido como si en algún lugar existiera una lista definitiva que resolviera quiénes somos. Pero los expertos llevan tiempo diciendo que la personalidad no funciona como un test de casillas fijas, sino como un continuo mucho más flexible, donde la mayoría nos movemos entre matices y cambiamos según el momento y el contexto.

La personalidad nos obsesiona desde hace décadas, quizá porque en el fondo todos queremos una respuesta sencilla a una pregunta enorme: quién soy realmente. ¿Introvertido, extrovertido, algo intermedio? Muchos hemos sentido esa incomodidad de no encajar del todo en ninguna etiqueta, de reconocernos en el silencio y la introspección, pero también en la energía de una conversación animada o en la iniciativa en el trabajo.

La personalidad, dicen los expertos, no funciona como una casilla que se marca y queda fija para siempre. Más bien se parece a un continuo, una especie de línea en la que la mayoría nos movemos en zonas intermedias. Esa idea desmonta parte del encanto de las categorías cerradas, pero también abre una puerta más realista y, en cierto modo, más liberadora sobre cómo somos y cómo cambiamos.

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Tests, etiquetas y la necesidad de entendernos

“Diferentes rasgos”. Fuente: Freepik

El éxito de pruebas como el Myers-Briggs no se explica solo por curiosidad académica, sino por algo más emocional. La personalidad, cuando se convierte en “tipo”, ofrece una narrativa clara y reconfortante, y es que nos dice que hay otros como tú, que perteneces a un grupo, que tienes un patrón reconocible, y en un mundo incierto, esa sensación de certeza resulta muy atractiva.

El problema es que muchos de estos tests simplifican en exceso, porque la evidencia científica apunta a que los rasgos existen en grados, no en compartimentos cerrados. Pensar en la personalidad como un conjunto de dimensiones flexibles permite entender mejor por qué alguien puede disfrutar de una noche tranquila en casa y al día siguiente liderar una reunión con seguridad, sin que haya contradicción en ello.

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