El plátano es de esas frutas que casi siempre están en casa, en la mochila del colegio o en el bolso antes de salir corriendo al trabajo. Práctico, barato, fácil de pelar y disponible todo el año, se ha ganado un lugar fijo en la alimentación diaria sin necesidad de campañas de marketing ni modas pasajeras. Lo curioso es que, más allá de su comodidad, la ciencia lleva años analizando por qué este fruto tropical es mucho más que un simple tentempié.
Originario de regiones cálidas y cultivado hoy en más de un centenar de países, es uno de los alimentos más consumidos del planeta. Organizaciones médicas como la Mayo Clinic recuerdan que cada año se comen más de 100.000 millones de unidades en todo el mundo, una cifra que habla por sí sola. Pero la popularidad no siempre significa calidad; aunque en este caso, según nutricionistas y expertos en salud, el plátano sí tiene argumentos sólidos para defender su fama.
2Un aliado para la digestión y la saciedad
Uno de los beneficios más conocidos del plátano tiene que ver con el sistema digestivo. Con unos tres gramos de fibra por pieza, puede aportar cerca del 10% de la cantidad diaria recomendada para un adulto. Esa fibra facilita el tránsito intestinal y contribuye a que el proceso digestivo sea más regular y eficiente, algo que se nota especialmente cuando la alimentación no siempre es la más ordenada.
Además, el plátano contiene pectina y almidón resistente, dos componentes que ayudan a moderar la liberación de glucosa en sangre después de comer, lo que evita picos bruscos de azúcar y prolonga la sensación de saciedad, por lo que puede ser útil para quienes buscan controlar el apetito entre horas. De paso, estas sustancias actúan como prebióticos, es decir, alimentan las bacterias beneficiosas del intestino y favorecen un equilibrio saludable en la microbiota.






