Los crucigramas llevan décadas instalados en el imaginario colectivo como ese pequeño gesto diario que, casi sin darnos cuenta, estaría protegiendo el cerebro del paso del tiempo. Basta preguntar en cualquier reunión familiar cómo mantener la mente despierta para que alguien mencione los crucigramas junto al café de la mañana, como si fueran una especie de gimnasio portátil para las neuronas, accesible y sin cuota mensual.
La idea no surge de la nada, pues un estudio publicado en Frontiers in Human Neuroscience señalaba en 2020 que este tipo de pasatiempos están entre las actividades más populares para entrenar el cerebro. Sin embargo, que algo sea popular no significa que sea milagroso, y ahí es donde los expertos empiezan a matizar esa fe casi automática en los crucigramas como escudo infalible contra el deterioro cognitivo.
2Lo que dicen y lo que no dicen los estudios
En 2022, una investigación publicada en NEJM Evidence observó que personas con deterioro cognitivo leve que hicieron crucigramas durante doce semanas mostraron mejoras. El dato es interesante, sobre todo porque se trataba de un grupo que ya presentaba dificultades, aunque los propios autores reconocieron que la mejoría fue modesta y muy específica.
Otro estudio de 2024, con más de 9.000 participantes, encontró que los juegos de mesa y los crucigramas se asociaban con mejor memoria y razonamiento. Ahora bien, aquí aparece la gran palabra clave en ciencia: correlación. Que dos cosas estén relacionadas no significa necesariamente que una cause la otra, por lo que tal vez quienes hacen crucigramas también cuidan su salud, leen más, socializan o hacen ejercicio con regularidad.






