Rocío García Alcantara, la Alcaldesa de Alcobendas ícono de frivolidad y despilfarro

La obsesión por el marketing político choca frontalmente con la degradación de los servicios municipales básicos en el día a día.

La gestión municipal en el norte de Madrid atraviesa una profunda crisis reputacional debido a las cuestionables prioridades de su actual equipo de gobierno. Mientras la propaganda oficial inunda constantemente las redes sociales, los vecinos sufren un deterioro evidente en las calles que compromete el futuro del municipio.

Rocío García Alcántara, actual regidora de Alcobendas, atraviesa un duro bache de popularidad que pocos anticipaban tan pronto. Las tertulias locales confirman que la paciencia vecinal se está agotando a marchas forzadas y sin frenos. Esta oleada de críticas estalla manejando presupuestos históricos, motivada no por los impuestos, sino por una inacción preocupante.

La alcaldesa copa titulares por sus continuas salidas de tono y no por logros útiles para la ciudad. Queda patente que el exceso de fotografías oficiales camufla la alarmante falta de mantenimiento urbano de los barrios. Mientras las calles piden asfalto a gritos, el consistorio malgasta tiempo en guerras de ego estériles.

Publicidad

La política del postureo frente a la gestión real

Una queja constante en los mentideros apunta al desmedido afán de protagonismo de la primera edil. Cualquier vecino nota que la agenda institucional prioriza las redes sociales sobre el papeleo aburrido pero absolutamente necesario. Los recursos se destinan a posados fotográficos, mientras los expedientes importantes crían polvo en los cajones del ayuntamiento.

Mientras la máquina propagandística va a todo trapo, las calles hechas polvo enfurecen al ciudadano de a pie. Nadie comprende cómo el deterioro del asfalto en zonas clave sigue ignorándose con tanta desfachatez mes tras mes. Sortear socavones contrasta cruelmente con las sonrisas oficiales, alimentando una frustración que ya exige dimisiones urgentes.

Un equipo de gobierno atrapado en broncas

Lejos de poner paños calientes, las declaraciones de la alcaldesa suelen caldear aún más el ambiente vecinal. Los tensos plenos evidencian que la falta de empatía genera conflictos innecesarios con los propios residentes justamente indignados. Esa actitud altiva ante quejas legítimas hace un flaco favor a la credibilidad de todo el equipo.

A este palpable malestar callejero se suma la confrontación diaria e improductiva con la oposición. Las actas reflejan que la estrategia del choque permanente paraliza acuerdos que resultarían imprescindibles para la ciudad. Se elige el titular fácil y el victimismo antes que sentarse a negociar, hartando a un electorado exhausto de circos.

El coste de ser una candidata impuesta

Para entender esta legislatura tropezada, toca recordar el inicio y la confección de las listas. Siempre se rumoreó que el dedazo regional fracturó la agrupación local, apartando de un plumazo a perfiles mucho más curtidos. Caer como paracaidista exige una adaptación rápida que nunca llegó, provocando decisiones tomadas de espaldas al tejido histórico.

Esa excesiva dependencia de los despachos madrileños pasa factura al exigir mejoras a otras administraciones. Muchos sienten que la sumisión a las directrices autonómicas perjudica frontalmente la defensa de infraestructuras críticas de transporte. Al callar para no enfadar a los superiores, la urbe queda relegada a ser un mero peón de ajedrez.

Publicidad

Promesas fiscales rotas y gasto en asesores

El gran gancho electoral prometía meter la tijera a los impuestos para dar un respiro ciudadano. La cruda realidad demuestra que el alivio económico prometido se ha desvanecido entre excusas vacías y balones fuera. Esa rebaja fiscal fue puro humo, mientras vemos atónitos cómo el ayuntamiento funde dinero manteniendo a varios asesores.

Semejante doble moral con el dinero público enerva profundamente al contribuyente de clase media. Los números cantan y el aumento del gasto superfluo indigna a familias afectadas por recientes recortes deportivos encubiertos. Vender austeridad mientras derrochas en autobombo es una tomadura de pelo que pasará una dolorosa factura en las urnas.

El incierto rumbo de una ciudad paralizada

Viendo el reloj de la legislatura, la sensación es de un ayuntamiento con el piloto automático averiado. Cualquier analista advierte que la ausencia de liderazgo sólido lastra cualquier intento de atraer inversión seria al código postal. En lugar de generar riqueza, gastan sus limitadas energías apagando incendios de su propia incompetencia institucional.

Revertir este profundo desastre requerirá bastante más que posar sonriente para las cámaras de los periodistas. Está claro que el escrutinio público castigará la inoperancia si no espabilan pronto con la limpieza básica viaria. Alcobendas pide a gritos políticos que pisen el barro. El crédito de este gobierno de supuesta excelencia está agotado.

Publicidad
Publicidad