Caminar es algo cotidiano que parece demasiado simple para cambiar algo importante, pero cuando se suma día tras día, puede convertirse en una de las decisiones más inteligentes para la salud. No hace falta inscribirse en una maratón ni transformar la agenda por completo; a veces basta con prestar atención a cuántos pasos damos sin darnos cuenta y preguntarnos si podríamos dar algunos más.
Durante años hemos oído hablar de los 10.000 pasos como si fueran una meta casi obligatoria, una cifra redonda que suena bien y que muchos relojes inteligentes repiten como mantra. Sin embargo, los estudios más recientes invitan a mirar el asunto con más calma y, sobre todo, con más optimismo, pues caminar ayuda, sí, pero el beneficio empieza antes de llegar a ese número mágico.
3Pequeños cambios que suman a largo plazo
Si todo esto suena abrumador, los expertos insisten en algo tranquilizador, y es que no hace falta pasar de 2.000 a 10.000 pasos de un día para otro. Aumentar la media en 1.000 pasos diarios, es decir, unos diez minutos extra de caminata, ya se ha relacionado en revisiones previas con una reducción significativa del riesgo de cardiopatías y de muerte por cualquier causa en los años siguientes.
Además, caminar no tiene por qué significar una caminata formal con ropa deportiva. Puede ser aparcar un poco más lejos, subir escaleras, bajarse una parada antes del autobús o simplemente moverse más dentro de casa. Algunos datos incluso sugieren que quienes concentran la actividad en el fin de semana pueden obtener beneficios similares a quienes se mueven a diario, aunque la constancia suele ser la mejor aliada cuando la motivación inicial se diluye.






