El nombre de José Coronado aparece en los créditos y uno da por hecho que, como mínimo, habrá intensidad, oficio y ese magnetismo seco que tan bien le funciona en la pantalla. Lo demostró en ‘No habrá paz para los malvados’, con la que se llevó el Goya, y lo ha confirmado en series como ‘Gigantes’ o ‘Entrevías’, donde convirtió personajes turbios en figuras hipnóticas. Por eso, cuando una película suya aterriza en Netflix y se coloca en lo más visto, la curiosidad se dispara casi sola.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘Fuego’, un título de 2014 que ha encontrado una segunda vida en la plataforma. No es un estreno reciente ni una novedad escondida, pero el efecto José Coronado sigue funcionando y basta su presencia para que muchos pulsen el play. El problema es que, esta vez, la conversación no gira en torno a un descubrimiento tardío o a una joya incomprendida, sino a una película que ha dividido claramente al público y que, para muchos, no está a la altura de su protagonista.
2De drama íntimo a thriller irregular
Cuando el protagonista decide viajar al sur de Francia para seguir la pista del terrorista, ‘Fuego’ intenta transformarse en un thriller de venganza, pues un hombre que no puede superar su pasado y opta por tomarse la justicia por su mano es material clásico del género. Pero en la práctica, la tensión nunca termina de asentarse y las escenas que deberían sostener el pulso dramático se sienten más funcionales que impactantes.
Ni siquiera los secundarios logran equilibrar del todo el relato; por ejemplo, la joven abogada interpretada por Aida Folch aporta cierta contención y abre la puerta a un debate más amplio sobre justicia y perdón, pero la película no desarrolla esa línea con la profundidad necesaria. Todo parece quedarse a medio camino, como si dudara entre ser un drama político o un relato de acción contenido.






