¿Estamos ante una nueva era en la investigación del Parkinson? Esto dicen los especialistas

Durante más de dos siglos, el Parkinson ha sido un rompecabezas que la medicina no ha logrado completar del todo. Pero algo parece estar moviéndose ahora y con nuevos biomarcadores, ensayos prometedores y un cambio de tono entre los especialistas, la investigación parece vivir un mejor momento.

El Parkinson sigue siendo uno de los grandes misterios de la medicina moderna, pues aún más de dos siglos después de que el médico británico James Parkinson describiera aquella “parálisis temblorosa” que observó en varios pacientes, la enfermedad continúa desafiando a científicos y neurólogos de todo el mundo. Lo que entonces era una observación clínica casi solitaria es hoy una prioridad global, pero el desconcierto persiste ya que no sabemos exactamente qué lo causa, no sabemos con precisión por qué progresa y todavía no sabemos cómo detenerlo.

Y sin embargo, algo está cambiando, pues en consultas, laboratorios y congresos se empieza a hablar del Parkinson con un matiz distinto, menos resignado. Ahora, los especialistas apuntan a avances que hace apenas una década parecían lejanos. No hay una cura, es cierto, pero la sensación es que la investigación está entrando en una etapa especialmente fértil, una especie de punto de inflexión tras años de avances lentos.

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El Parkinson, un trastorno que se esconde durante años

“Trastorno neurológico”. Fuente: Freepik

El Parkinson es un trastorno neurológico progresivo que suele diagnosticarse a partir de los 60 años, aunque su historia empieza mucho antes de que aparezca el primer temblor visible. En el cerebro, concretamente en los ganglios basales, ciertas neuronas comienzan a fallar y a morir, reduciendo la producción de dopamina, una sustancia clave para coordinar el movimiento. Lo inquietante es que cuando los síntomas motores se hacen evidentes, gran parte del daño ya está hecho.

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Esa es una de las grandes dificultades de la enfermedad y es que no existe una prueba definitiva que confirme su presencia. El diagnóstico se basa en la observación clínica, en signos como la lentitud de movimientos, la rigidez o el temblor en reposo. A menudo, los primeros indicios que son pérdida del olfato, estreñimiento, alteraciones del sueño o cambios en la expresión facial, pasan desapercibidos o se atribuyen a otras causas, lo que retrasa el reconocimiento de la enfermedad.

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