Andalucía guarda lugares que parecen inventados, escenarios que uno imaginaría en una novela histórica y no en un mapa real. En el corazón de las sierras de Jaén, dentro del parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, hay un pueblo de Andalucía donde una iglesia inacabada se alza literalmente sobre un río, como si el tiempo hubiera decidido detenerse justo antes del último golpe de cincel.
Andalucía es tierra de castillos, mezquitas y catedrales monumentales, pero lo que ocurre en Cazorla no tiene comparación. Allí, bajo la Plaza de Santa María y a la sombra de los castaños, el agua sigue corriendo mientras sobre ella descansan las ruinas de un templo renacentista que nunca llegó a terminarse. La historia mezcla ambición política, genio arquitectónico y una riada devastadora que lo cambió todo.
1Un sueño renacentista en mitad de un barranco en Andalucía
Andalucía, en pleno siglo XVI, era también escenario de luchas de poder. Francisco de los Cobos, secretario de Estado de Carlos V y natural de Úbeda, consiguió hacerse con el Adelantamiento de Cazorla, un territorio que hasta entonces dependía del Arzobispado de Toledo. Había visto en Italia cómo el Renacimiento utilizaba la arquitectura como símbolo de autoridad y entendió que, si quería dejar huella en Andalucía, necesitaba un edificio que hablase por él.
El problema era el terreno, pues Cazorla se agarra a la sierra como puede, con el Castillo de la Yedra dominando desde lo alto y el río Cerezuelo abriéndose paso entre rocas. No había espacio para levantar una iglesia monumental, al menos no sin desafiar a la propia geografía, y fue ahí donde entró en juego el ingenio.





