Andalucía guarda lugares que parecen inventados, escenarios que uno imaginaría en una novela histórica y no en un mapa real. En el corazón de las sierras de Jaén, dentro del parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, hay un pueblo de Andalucía donde una iglesia inacabada se alza literalmente sobre un río, como si el tiempo hubiera decidido detenerse justo antes del último golpe de cincel.
Andalucía es tierra de castillos, mezquitas y catedrales monumentales, pero lo que ocurre en Cazorla no tiene comparación. Allí, bajo la Plaza de Santa María y a la sombra de los castaños, el agua sigue corriendo mientras sobre ella descansan las ruinas de un templo renacentista que nunca llegó a terminarse. La historia mezcla ambición política, genio arquitectónico y una riada devastadora que lo cambió todo.
2La bóveda que domó al río
El arquitecto elegido fue Andrés de Vandelvira, uno de los grandes nombres del Renacimiento andaluz. Su propuesta fue tan audaz como sencilla en apariencia, y es que si el río estorbaba, pues se construiría sobre él. Así nació una bóveda de 123 metros que encauzó el Cerezuelo bajo tierra y permitió crear una gran plaza encima, sobre la que comenzaría a levantarse la iglesia de Santa María.
La obra debió de ser titánica, pues solo con imaginar a los canteros trabajando dentro del cauce, encajando piedra sobre piedra mientras el agua buscaba salida, ayuda a entender la magnitud del proyecto. Primero se cerró la bóveda, después se trazaron las tres naves del templo, concebido como símbolo del nuevo orden que Cobos quería imponer en Andalucía, pero la ambición superó a las circunstancias y la iglesia quedó sin terminar.






