Andalucía guarda lugares que parecen inventados, escenarios que uno imaginaría en una novela histórica y no en un mapa real. En el corazón de las sierras de Jaén, dentro del parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, hay un pueblo de Andalucía donde una iglesia inacabada se alza literalmente sobre un río, como si el tiempo hubiera decidido detenerse justo antes del último golpe de cincel.
Andalucía es tierra de castillos, mezquitas y catedrales monumentales, pero lo que ocurre en Cazorla no tiene comparación. Allí, bajo la Plaza de Santa María y a la sombra de los castaños, el agua sigue corriendo mientras sobre ella descansan las ruinas de un templo renacentista que nunca llegó a terminarse. La historia mezcla ambición política, genio arquitectónico y una riada devastadora que lo cambió todo.
3La riada que cambió la historia
El 2 de junio de 1694, una tormenta descomunal bajó de la sierra con troncos, barro y rocas, y debido a eso el conducto subterráneo se taponó y la bóveda, pensada para dominar el río, se convirtió en una presa improvisada. La presión acumulada rompió estructuras y el agua arrasó lo que encontró a su paso, dañando gravemente una iglesia que ya llevaba décadas inacabada.
Con el tiempo, el Arzobispado recuperó el control del señorío y el templo nunca se concluyó. Más tarde, en 1810, las tropas napoleónicas prendieron fuego a lo que quedaba en pie. Hoy, la iglesia de Santa María es una ruina abierta al cielo, con arcos recortados contra la montaña y columnas que sostienen el vacío, y, sin embargo, Andalucía ha convertido esa herida en uno de sus lugares más singulares.






