La política madrileña, acostumbrada a un ritmo frenético de titulares y confrontaciones entre el PP y Más Madrid, ha despertado este febrero de 2026 con una fractura interna que amenaza con redefinir el equilibrio de poder dentro del Gobierno Regional, algo que hasta hace a penas unos días era impensable. Lo que comenzó como un ajuste técnico en el Consejo de Gobierno se ha transformado, en apenas unas jornadas, en una crisis de identidad para el sector más joven enfrentado desde hace tiempo a la vieja guardia del PP que representa Miguel Ángel Rodriguez.
La caída de Emilio Viciana, hasta ahora titular de Educación, no ha sido un relevo más; ha sido el detonante de una desbandada en bloque de sus fieles, el grupo bautizado en los pasillos de la Asamblea como «Los Pocholos», evidenciando que bajo la superficie de la mayoría absoluta de Isabel Díaz Ayuso hay movimientos internos que alteran el plácido gobierno que está manteniendo en esta legislatura la presidenta de Madrid.
ORIGEN DEL CONFLICTO Y CAÍDA DEL MENTOR
La destitución de Emilio Viciana no se puede entender como un hecho aislado, sino como la culminación de un proceso de erosión interna. Viciana, que había construido en torno a la Consejería de Educación un bastión de resistencia ideológica dentro del conservadurismo, se había convertido en el referente de una nueva hornada de políticos que buscaban llevar la «batalla cultural» a sus últimas consecuencias. Este grupo, compuesto por perfiles jóvenes, academicistas y de una derecha sin complejos, encontró en la gestión educativa el laboratorio perfecto para sus políticas.

Sin embargo, su excesiva autonomía y su defensa a ultranza de ciertos postulados parecen haber chocado frontalmente con la dirección estratégica que emana directamente de la Presidencia. La salida del consejero fue el primer dominó de una hilera que no ha tardado en desplomarse, dejando al descubierto la existencia de un núcleo duro que prioriza la lealtad personal y doctrinal por encima de la disciplina de partido. Desde el entorno de Ayuso se afirma que Viciana ha caído por su «incapacidad» para sacar adelante la reforma educativa y su nula conexión con los rectores de las universidades de la Región.
La respuesta al cese de Viciana fue tan inmediata como inusual en la política institucional contemporánea. Tres figuras clave de la Asamblea de Madrid —Pablo Posse, Mónica Lavín y Carlota Pasaron— decidieron entregar sus actas de diputados de forma coordinada. Esta renuncia en bloque, justificada bajo el concepto de «coherencia política», supone un desafío directo a la autoridad de la Puerta del Sol.
Estos diputados no solo eran representantes públicos, sino que formaban la vanguardia de «Los Pocholos», un grupo que entendía el ejercicio del poder como una extensión de una visión muy concreta de la sociedad madrileña. Al marcharse, no solo abandonan sus puestos, sino que lanzan un mensaje de advertencia: existe una parte de la base joven del partido que no está dispuesta a aceptar la verticalidad del mando si esta implica sacrificar a sus referentes intelectuales y políticos. Esta crisis de lealtad pone de manifiesto que el relevo generacional en la derecha madrileña no es un bloque uniforme, sino un campo de batalla de diferentes sensibilidades que no se sabe bien como puede acabar, de momento Ayuso manda.

CHOQUE FRONTAL CONTRA MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ
Detrás de este movimiento tan brusco dentro del PP madrileño se vislumbra una figura que ha sido central en los éxitos electorales de Ayuso: Miguel Ángel Rodríguez. Los reportes desde el interior del Gobierno regional señalan una tensión insostenible entre el jefe de gabinete de la presidenta y el círculo de «Los Pocholos». Mientras que el grupo de jóvenes políticos abogaba por una agenda legislativa propia y un perfil ideológico muy marcado, la estrategia de Rodríguez se orienta hacia el control total de los tiempos y la narrativa, evitando cualquier sombra que pueda eclipsar o comprometer la figura de la presidenta.
El enfrentamiento no ha sido solo de formas, sino de fondo. La salida de Antonio Castillo, director del Ballet Español de la Comunidad y considerado una de las mentes creativas del grupo, demuestra que la purga o el distanciamiento ha trascendido los muros de la Asamblea para alcanzar el ámbito cultural. La marcha de Castillo simboliza el fin de un experimento que pretendía dotar a la Comunidad de Madrid de una infraestructura cultural alineada con los valores que este grupo representaba, pero que finalmente ha colisionado con el pragmatismo de la dirección política central, «la vieja guardia no se ha dejado mover el asiento«, aseguran fuentes cercanas a la presidenta.

EL FUTURO DE LA LEY UNIVERSITARIA
Para intentar restañar la herida y contener la hemorragia de cargos, Díaz Ayuso ha recurrido a una figura de perfil gestor y confianza institucional: Mercedes Zarzalejo. El nombramiento de la nueva consejera de Educación busca, ante todo, estabilidad y el retorno a una gestión menos expuesta a las estridencias internas. Sin embargo, el primer gran sacrificio de esta nueva etapa ha sido la ley universitaria que «Los Pocholos» consideraban su gran legado legislativo.
Ayuso ha decidido descartar la tramitación de este texto, lo que supone un desmantelamiento total de la agenda que Viciana y sus seguidores intentaron imponer. Al retirar el apoyo a esta ley, el Gobierno regional no solo cierra un capítulo polémico, sino que desactiva el motor ideológico que daba sentido a la existencia de este grupo como facción diferenciada. Madrid entra ahora en una fase de consolidación donde la disciplina parece volver a los valores moderados del PP, dejando a «Los Pocholos» como una breve pero intensa anomalía en la historia reciente de los populares madrileños, mientras la presidenta reajusta su equipo para enfrentar el resto de la legislatura sin disidencias en su propio bando.





