¿Cuántas veces de pequeño escuchaste a tu madre que no te daría leche porque estabas resfriado? Y si tienes hijos, ¿también dejas de darles un vaso por temor al aumento de mocos? Frente a este temor generacional, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) afirmó recientemente que hemos vivido de mentiras alimentarias y el hecho de culpar a los lácteos de la flema es algo que no tiene base científica, es una leyenda urbana heredada de tus abuelos.
Y es que tampoco es algo exagerado, porque ¿cuántas veces has sentido esa textura pastosa en la garganta y has culpado al vaso de leche de tu desayuno? Sin embargo, lo que muchos consideran una reacción biológica al lácteo y que produce más flema, solo se trata de tu propia boca adaptándose a la textura de la leche. Por eso, es hora de entender que este miedo popular te ha engañado y que no tienes por qué restringir alimentos esenciales sin al menos la indicación de un médico de familia.
RESFRIADO VS LECHE: LA OCU ROMPE EL MITO
La OCU explica que si alguna vez has sentido esa sensación asquerosa de tener la saliva más espesa o que la flema aumente tras un vaso de leche, no es más que una ilusión sensitiva en tu boca. Resulta que la leche es una emulsión cremosa y densa que, al entrar en contacto con tu saliva, crea una capa que recubre por completo la boca y la garganta.
Esto es lo que precisamente te da esa sensación engañosa de que tu saliva es más viscosa que lo normal. Además, no es algo de capricho, es tu cerebro interpretando erróneamente como un aumento de flema. Con todo esto, podemos decir que, a pesar de lo que sientas, tu cuerpo no está fabricando más mocos por culpa de la leche. De esta forma, la OCU lo deja bien claro: no hay razón para dejar de beber leche cuando tengas catarro sin que un médico te lo recomiende.
¿ALERGIA O PARANOIA? EL ERROR DEL AUTODIAGNÓSTICO
Con todo lo dicho anteriormente, la OCU advierte que el moco no tiene nada que ver con la intolerancia a la lactosa. Y aquí es donde la base científica desmiente todo: la intolerancia se manifiesta de forma brutal en el sistema digestivo con diarreas, cólicos y gases, pero jamás afecta al sistema respiratorio aumentando la flema, ni nada por el estilo.
Sin embargo, existe el caso de la alergia a la proteína de la leche, que es una condición menos frecuente que sí puede provocar síntomas respiratorios, además de cutáneos o digestivos. Pero, mucho cuidado, porque esta condición solo debe ser diagnosticada por un experto en salud mediante diversas pruebas clínicas.
LA OCU ADVIERTE DEL PELIGRO DE LOS MITOS SIN BASE CIENTÍFICA
La OCU ha sido muy clara: si te apetece un yogur o un vaso de leche mientras estás resfriado, no pasa nada, puedes beberlo con total normalidad. Además, cuando un niño deja de consumir lácteos durante los catarros invernales, puede desatarse un desequilibrio nutricional que debilita la capacidad del sistema inmunitario de recuperarse frente al ataque de los virus y bacterias.
Incluso, la OCU afirma que, al eliminar los lácteos por miedo a los mocos, estarías cortando la fuente principal de calcio y vitamina D, dos nutrientes clave para el desarrollo óseo y la fortaleza del sistema inmunitario. Por lo que, en plena batalla contra el catarro, lo último que necesita tu organismo es un déficit nutricional por culpa de un mito sin base científica.
LA ESTRATEGIA REAL QUE FUNCIONA CONTRA LOS RESFRIADOS
En otra publicación reciente, la OCU ha recopilado estudios que afirman que cerca de los años 70, el limón era un ingrediente indispensable en casi todas las cocinas del mundo, pero en la actualidad su consumo se ha visto disminuido hasta un 40% menos. Mientras tanto, síntomas como la inflamación, anemia, el sobrepeso crónico y la depresión aumentaron en la población mundial.
¿Casualidad? Es posible; pero lo que sí tenemos claro es que existen muchas formas de incluir el limón para reforzar tu sistema respiratorio. Para mantener el resfriado a raya, solo necesitas integrar el agua con limón a tu rutina. Esta combinación, que aunque parezca tan simple, es muy popular por mejorar la circulación, aportar más energía y mejorar la concentración. Solo un vasito tipo chupito que llenarás hasta la mitad de agua y le exprimes el zumo de un limón.
Beber un chupito de este remedio natural todos los días en ayunas no solo te aporta la cantidad necesaria de vitamina C para reforzar tus defensas, sino que también sirve como un poderoso quemagrasas. Por su parte, añadir ralladura de limón a tus ensaladas, yogur o tomarla en infusión, aumenta la absorción de antioxidantes hasta un 25% más que los suplementos comerciales.




