«Cuatro de cada diez casos de cáncer se pueden prevenir»: el oncólogo Mariano Calas recuerda que casi la mitad de los tumores dependen de tus hábitos

El especialista de MSD Argentina rompe el mito de la herencia genética. Un nuevo informe de la OMS confirma que 7,1 millones de casos anuales se evitarían con cambios simples. Fumar, beber y el sedentarismo matan más que la mala suerte.

Mariano Calas no se anda con rodeos: la mitad de las papeletas para sufrir un tumor las compramos nosotros mismos a diario. Su advertencia golpea donde más duele, desmontando la excusa perfecta de que «de algo hay que morir» o que todo es cuestión de genética. La realidad es mucho más incómoda: el estilo de vida es hoy el mayor carcinógeno libre en el mercado y está en nuestras manos frenarlo.

El debate se encendió este febrero de 2026, tras el último informe mundial que puso cifras al desastre. No es una teoría: los datos confirman que millones de diagnósticos recientes no tendrían que haber ocurrido jamás. El problema es que seguimos esperando una pastilla milagrosa mientras ignoramos que la prevención más potente es gratis, pero exige algo que nadie quiere dar: disciplina y constancia en Mariano Calas los hábitos cotidianos.

La cifra que debería asustarte

Este vídeo explica por qué tu rutina diaria es más determinante que tu ADN en el desarrollo de tumores:

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Hablamos de una estadística brutal: el 40% de los cánceres son evitables. No es una estimación vaga, sino la conclusión de oncólogos que ven cada día cómo pacientes jóvenes llegan a consulta con tumores derivados del tabaquismo o la obesidad. Mariano Calas insiste en que la genética carga el arma, pero los hábitos aprietan el gatillo. La gente sigue creyendo que el cáncer es una lotería macabra, cuando en realidad, en casi la mitad de los casos, es una consecuencia lógica de años de maltrato al cuerpo.

La prevención no vende tanto como la cura, pero salva más vidas. Eliminar el tabaco, moderar el alcohol y moverse no son consejos de abuela, son herramientas clínicas valiosas. El impacto de ignorarlas es medible: hospitales colapsados por patologías que, con un estilo de vida diferente, nunca hubieran aparecido. El cáncer no siempre avisa, pero muchas veces nosotros le abrimos la puerta de par en par.

Por qué esto explota ahora

El tema ha estallado tras la publicación del informe de la OMS este 3 de febrero de 2026. Los datos son un jarro de agua fría para las políticas de salud pública, demostrando que las campañas suaves no funcionan.

  • Cifras globales: 7,1 millones de nuevos casos anuales vinculados directamente a factores de riesgo modificables.
  • El enemigo nº1: El tabaco sigue siendo el rey, responsable del 15% de los nuevos diagnósticos mundiales.
  • La sorpresa: Las infecciones prevenibles (como VPH) ya causan el 10% de los casos, superando al alcohol.

Frente a este escenario, la indignación médica crece. No se trata de culpar al paciente, sino de evidenciar que el entorno nos enferma. La comida basura es barata y el alcohol social es norma, creando un caldo de cultivo perfecto. Mientras discutimos sobre nuevos fármacos millonarios, la prevención básica sigue fallando estrepitosamente.

Cómo te golpea la realidad

Este clip detalla los factores de riesgo específicos que estás ignorando y cómo corregirlos antes de que sea tarde:

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El impacto real no se mide en estadísticas, se mide en familias rotas. Un diagnóstico evitable duele el doble porque siempre queda la duda del «¿y si hubiera…?». El problema se agrava cuando vemos que el sistema sanitario gasta millones en tratar lo que podría haberse prevenido con céntimos. Mariano Calas advierte que el coste humano es incalculable, pero el económico también es insostenible. Tratamientos crónicos, bajas laborales y pérdida de productividad hunden los presupuestos de cualquier país.

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Las consecuencias son inmediatas: listas de espera más largas y recursos saturados. Si cuatro de cada diez pacientes no estuvieran ahí, la atención para los casos genéticos o inevitables sería infinitamente mejor y más rápida. La saturación actual es, en gran parte, autoinfligida por una sociedad que normaliza el riesgo hasta que el oncólogo te da la mala noticia.

Qué implica este cambio de paradigma

Más allá de la culpa individual, esto revela un fracaso colectivo monumental. Si sabemos exactamente qué causa casi la mitad de los tumores, ¿por qué no actuamos? El mecanismo detrás es la comodidad y la presión de industrias que viven de nuestros malos hábitos. Reconocer que el 40% es prevenible implica aceptar que hemos fallado en educar y legislar. No basta con poner fotos feas en las cajetillas de tabaco si luego el estilo de vida sedentario y la comida ultraprocesada campan a sus anchas.

Esto también cambia la relación médico-paciente. Ya no eres un sujeto pasivo esperando una cura; eres el responsable activo de tu salud durante décadas. La medicina vira hacia la responsabilidad personal, dejando claro que el médico te ayuda, pero no puede vivir por ti. Es un mensaje duro en una era de gratificación instantánea, donde preferimos una operación a diez años de dieta equilibrada y ejercicio.

Qué pasará si no espabilamos

Mirando adelante, el futuro de la oncología no está solo en los quirófanos, sino en los supermercados y gimnasios. Si no cambiamos el chip, las proyecciones para 2030 son aterradoras, con un aumento vertical de casos en menores de 50 años. Sanidad ya debate medidas más agresivas, como impuestos a ultraprocesados similares a los del tabaco, porque la educación por sí sola no ha bastado.

La pelota está en tu tejado. Puedes seguir pensando que a ti no te tocará, o puedes empezar a restar papeletas hoy mismo. La ciencia ha hablado claro: gran parte del cáncer no es mala suerte, es matemática pura. La próxima vez que elijas qué comer o si encender ese cigarro, recuerda que Sanidad ya advierte que la tendencia es insostenible. Tú decides en qué lado de la estadística quieres estar.