El sociólogo aragonés Ignacio Urquizu se ha convertido en uno de los rostros más recurrentes del ecosistema mediático gracias al Grupo Prisa y Atresmedia. Columnista estrella de El País, colaborador habitual de Onda Cero y tertuliano frecuente en ‘Al rojo vivo’, su presencia en los medios de ambos no ha dejado de crecer en los últimos meses.
Todo ello en paralelo a sus críticas al sanchismo y a su aproximación a posiciones críticas dentro del PSOE, en sintonía con Felipe González, Jordi Sevilla, Emiliano García-Page o Jordi Sevilla que también reciben gran trato de Atresmedia.
IGNACIO URQUIZU DEJÓ LA POLÍTICA ARAGONESA EL PASADO AÑO
Urquizu (Alcañiz, 1978) no es un recién llegado a la vida pública. Doctor europeo en Sociología por la Universidad Complutense, con estancias en Harvard y el Instituto Universitario Europeo, fue diputado en el Congreso, senador y alcalde de Alcañiz.
Su salto cualitativo a primera línea del debate público a nivel estatal se ha producido tras su renuncia al acta en las Cortes de Aragón en enero de 2025 y su traslado definitivo a Madrid. Desde entonces, su firma ha ganado peso en El País, donde recientemente salió en defensa de Felipe González frente a las críticas del sanchismo tras asegurar que no votará al PSOE si el actual presidente del Gobierno repite como candidato.
En la radio, su papel en ‘Más de uno’, el programa que dirige Carlos Alsina en Onda Cero, ha generado comentarios en el propio sector. Urquizu participa con una sección semanal en la que, más que ejercer como analista independiente, actúa como sociólogo vinculado a Metroscopia, la empresa de estudios demoscópicos con la que colabora como consultor externo.
Para algunos observadores, esa doble condición —opinador y miembro de una firma que mide estados de opinión— introduce un matiz singular en sus intervenciones. Su presencia televisiva en ‘Al rojo vivo’, el espacio conducido por Antonio García Ferreras en La Sexta, completa el triángulo mediático. Allí comparte mesa con perfiles de distinta orientación, pero su discurso se ha ido alineando con una crítica sostenida al Gobierno.
ASCENSO METEÓRICO EN EL CAMPO MEDIÁTICO
El ascenso mediático de Urquizu coincide con un momento de cierto ruido interno en el socialismo. En distintos foros se especula con la posibilidad de articular una corriente crítica que agrupe a figuras como el exministro Jordi Sevilla (que ha lanzado su propio proyecto sin demasiada suerte), Juan Lobato y el propio Urquizu, y con el respaldo territorial —explícito o tácito— de García-Page.
El presidente castellano-manchego es hoy el barón más abiertamente discrepante con Sánchez y su peso orgánico lo convierte en pieza clave de cualquier intento de estructurar una alternativa interna.

Los estatutos del PSOE exigen para formalizar una corriente el apoyo de al menos un 5% de la militancia en cinco federaciones distintas. No es un requisito menor. Obliga a contar con estructura territorial y músculo orgánico.
De momento, el único bastión claro sería Castilla-La Mancha. Ni Lobato, tras su salida del liderazgo madrileño, ni Sevilla, alejado de la primera línea desde hace años, disponen de redes propias sólidas. Urquizu, por su parte, tiene cierta influencia en el ámbito intelectual y mediático, pero carece de un aparato territorial significativo.
Ese es, precisamente, el dilema. Dar el paso y fracasar podría reforzar el liderazgo de Sánchez al evidenciar la debilidad del bloque crítico. No hacerlo mantiene la presión en el terreno simbólico y mediático, donde las voces discrepantes encuentran mayor eco. En ese contexto, el papel de los grandes grupos de comunicación resulta determinante.
