El azúcar está mucho más presente en la infancia de lo que solemos imaginar, y no solo en los dulces que se ven a simple vista, sino que aparece en cereales, yogures, bebidas, galletas, salsas e incluso en alimentos que parecen saludables. Durante años se ha hablado de caries o de exceso de peso, pero cada vez hay más investigaciones que apuntan a que el azúcar que se consume en los primeros años de vida puede dejar huellas que se notan décadas después.
El azúcar, cuando forma parte habitual de la dieta infantil, parece influir en cómo se desarrolla el cuerpo y también en las preferencias alimentarias del futuro. Los científicos llevan tiempo observando que quienes crecen rodeados de sabores muy dulces tienden a buscarlos durante toda su vida, y que solo tiene que ver con una cuestión de gusto, sino también con cómo el organismo aprende a responder a esos estímulos desde pequeño.
1El azúcar en la infancia puede marcar la salud futura
Durante mucho tiempo se sospechó que el exceso en la niñez podía tener consecuencias a largo plazo, pero algunos estudios recientes han permitido observarlo con más claridad. Investigaciones publicadas en los últimos años han encontrado que las personas que estuvieron expuestas a menos azúcar en sus primeros años presentan menos riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes tipo 2 o hipertensión cuando llegan a la adultez.
Uno de los ejemplos más curiosos que analizan los científicos proviene del Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial. Durante varios años el azúcar estuvo racionado y las familias tenían acceso limitado a dulces, pero cuando esas restricciones desaparecieron, el consumo prácticamente se duplicó. Comparar a los niños que crecieron con poco azúcar frente a los que llegaron justo después ha permitido ver diferencias notables en su salud décadas más tarde.
