Técnicas de respiración que pueden mejorar tu memoria, concentración y bienestar

La respiración parece algo tan automático que casi nadie le presta atención, pero cada vez más estudios muestran que puede influir en cómo pensamos, recordamos y nos sentimos.

La respiración está con nosotros desde el primer segundo de vida, aunque la mayoría del tiempo pasa desapercibida. Respiramos mientras caminamos, mientras trabajamos, mientras pensamos en mil cosas a la vez, y rara vez nos detenemos a notar cómo entra y sale el aire. Sin embargo, no es solo un acto automático del cuerpo, sino que también es una especie de puente silencioso entre lo que sentimos y lo que pensamos. Cuando cambia el ritmo de la respiración, también cambia el estado del organismo, la claridad mental e incluso la manera en que reaccionamos ante lo que ocurre alrededor.

La respiración, bien entendida, puede convertirse en una herramienta sorprendentemente poderosa para mejorar la memoria, la concentración y el bienestar general. No hace falta ningún aparato ni conocimientos complicados; basta con prestar atención a algo que ya está sucediendo. En los últimos años, distintos investigadores han puesto el foco en la respiración y en cómo pequeños ajustes en la forma de respirar pueden influir en el cerebro, en el sistema nervioso y en el equilibrio emocional.

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Lo que la respiración hace dentro del cerebro

“Cómo afecta el cerebro”. Fuente: Freepik

La respiración también influye en la forma en que funciona el cerebro. Cambiar el ritmo al respirar modifica ligeramente el equilibrio de gases en la sangre y eso tiene efectos interesantes: los vasos sanguíneos se relajan y el flujo que llega al cerebro puede mejorar. Dicho de forma simple, el cerebro recibe mejores condiciones para trabajar, algo que se nota en la concentración y en la claridad mental.

En los últimos años algunos estudios han observado que la respiración está conectada con áreas cerebrales relacionadas con la memoria y la atención. Estructuras como el hipocampo o la amígdala reaccionan al ritmo respiratorio, lo que sugiere que no solo pensamos con el cerebro, también lo hacemos acompañados del aire que entra y sale constantemente. Incluso se ha visto que ciertos cambios en la respiración podrían relacionarse con alteraciones cognitivas, lo que ha despertado bastante interés en el mundo científico.