Norte de Portugal tiene la ciudad más nostálgica, marcada por la lluvia y el fado

En el norte de Portugal existe un lugar donde la lluvia, el fado y los azulejos crean una melancolía serena que se siente más de lo que se explica, y basta pasear un rato para entender por qué atrapa tanto.

Portugal tiene ciudades que no se explican del todo, se sienten; ciudades donde la belleza no es inmediata ni estridente, sino silenciosa, casi tímida, de esas que se cuelan poco a poco y se quedan. En el norte de Portugal, lejos del bullicio de Lisboa y del desparpajo de Oporto, hay una ciudad que parece vivir permanentemente envuelta en una nostalgia suave, como si el tiempo caminara a otro ritmo.

Quien viaja buscando esa melancolía amable, ese placer extraño de estar un poco triste sin saber muy bien por qué, encuentra en Portugal una aliada perfecta. Y en Coimbra, en concreto, el escenario es completo, con fado universitario, azulejos gastados, lluvia fina sobre el empedrado y un río que acompaña en silencio, como si también escuchara.

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El fado que nace entre libros y despedidas

“Café Santa Cruz”. Fuente: Wikipedia

En Coimbra, el fado no suena igual que en otros rincones de Portugal. Aquí se canta con solemnidad, casi con pudor, y siempre en masculino, como manda la tradición universitaria. Nació entre estudiantes, no en tabernas, y eso se nota en las letras, más poéticas, más cultas, más cargadas de simbolismo y de despedidas que duelen sin necesidad de levantar la voz.

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El café Santa Cruz es uno de esos lugares donde todo cobra sentido. Antiguamente fue sacristía y hoy es refugio de guitarras, vino blanco del Dão y conversaciones que se alargan sin darse cuenta. En sus noches de fado, el local se llena y no importa compartir mesa con desconocidos, porque en Portugal la melancolía une más de lo que separa, y el fado de Coimbra lo envuelve todo con una delicadeza difícil de explicar.

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