Trabajar muchas horas se ha vuelto algo tan normal que casi nadie se detiene a pensar en lo que realmente significa para el cuerpo. Hay personas que encadenan jornadas largas durante años, otras que revisan correos incluso de noche y muchas que sienten que, si no siguen el ritmo, se quedan atrás. El problema es que el organismo sí nota ese desgaste, aunque al principio pase desapercibido.
Cada vez más médicos y especialistas están alertando que trabajar demasiado no solo cansa, sino que también pasa factura a largo plazo, como dolores de espalda, ansiedad, problemas de sueño o presión alta que aparecen con más frecuencia en quienes viven prácticamente para el trabajo. Y lo curioso es que el debate llega justo cuando algunos países hablan de semanas laborales más cortas, mientras otros empujan en la dirección contraria.
1Trabajar demasiado empieza a pasar factura
Trabajar muchas horas mantiene al cuerpo en una especie de modo de alerta permanente por lo que no descansa en ningún momento. El estrés se vuelve constante y eso hace que el organismo libere más cortisol del que debería, una hormona útil en momentos puntuales pero problemática cuando se instala en la rutina diaria.
Con el paso del tiempo ese estado termina afectando a varias partes del cuerpo y hace que la presión arterial suba, que aparezcan dolores de cabeza frecuentes, que el descanso se vuelva irregular y que la ansiedad empiece a colarse en el día a día. No ocurre de un día para otro, pero los médicos llevan tiempo viendo el mismo patrón en personas que pasan demasiadas horas trabajando.
