La creatina ha pasado años encasillada como el suplemento típico de quienes viven entre pesas, batidos y rutinas de gimnasio, pero, poco a poco esa imagen se está quedando corta. Investigaciones recientes han empezado a mirar la creatina desde otra perspectiva y a preguntarse si su impacto puede ir más allá del músculo, tocando también aspectos como la memoria, el descanso o incluso el estado de ánimo.
Lo llamativo es que no estamos hablando de una sustancia extraña ni nueva. La creatina forma parte del funcionamiento normal del cuerpo humano, se produce de manera natural y también se obtiene a través de algunos alimentos. Quizá por eso muchos expertos creen que todavía estamos descubriendo todo lo que puede hacer, especialmente cuando se utiliza como suplemento de forma controlada.
1Un clásico del rendimiento físico
Durante años la creatina se hizo famosa por algo bastante concreto y es que lograba ayudar a mejorar el rendimiento físico. Quienes entrenan con frecuencia la utilizan porque permite a los músculos disponer de un pequeño extra de energía, lo que a menudo se traduce en entrenamientos más intensos y una recuperación algo más rápida.
La explicación está en cómo funciona dentro del organismo. La creatina se almacena en gran parte en el músculo y actúa como una especie de reserva energética que ayuda a producir ATP, la molécula que alimenta a nuestras células. Gracias a ese proceso, el cuerpo puede responder mejor a esfuerzos exigentes y adaptarse con el tiempo al entrenamiento.
