En un contexto internacional donde la política de defensa ha recuperado un protagonismo indiscutible en las agendas europea y mundial, la realidad interna de quienes sostienen esa estructura en España parece transcurrir por una senda de creciente frustración, según el pensamiento de muchos militares españoles.
En referencia a esta problemática, la Asociación Profesional de Suboficiales de las Fuerzas Armadas, conocida por sus siglas ASFASPRO, ha decidido tomar la iniciativa ante lo que consideran una situación de abandono institucional y profesional. Con el objetivo de trasladar las carencias que asfixian al personal militar, la asociación ha inaugurado una ronda de contactos con diversas formaciones políticas que han mostrado una disposición real a escuchar las demandas del sector.
El pistoletazo de salida de estos encuentros tuvo lugar esta semana, en una reunión de alto nivel con representantes del Partido Popular. La delegación de ASFASPRO, encabezada por su presidente, Miquel Peñarroya i Prats, mantuvo un diálogo directo con Cuca Gamarra, diputada y vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, y el senador Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu, entre otros cargos de la formación popular. Durante la sesión, Peñarroya desgranó con detalle los puntos más críticos que afectan a las Fuerzas Armadas, poniendo especial énfasis en la figura del suboficial como columna vertebral de la organización militar.

PRINCIPALES REIVINDICACIONES
Uno de los pilares fundamentales de la reivindicación de ASFASPRO es la cuestión económica. La brecha salarial respecto a otros cuerpos de seguridad y el resto de la administración pública se ha convertido en una herida abierta que la asociación urge a cerrar mediante una equiparación retributiva justa.
El presidente de la asociación subrayó el agravio comparativo que supone la reciente aprobación de un incremento salarial de cuatro mil euros anuales para los Mossos d’Esquadra, acompañado además de una reducción de cien horas en su jornada laboral. Mientras otros cuerpos ven mejoradas sus condiciones de forma sustancial, los militares observan con preocupación cómo la futura implantación de la jornada de treinta y cinco horas en la Administración General del Estado dejará fuera, una vez más, a las Fuerzas Armadas.
Más allá de lo puramente económico, ASFASPRO planteó la «necesidad imperativa de una renovación legislativa profunda«. El marco normativo actual se percibe como insuficiente para abordar los retos de la carrera militar moderna. En este sentido, la asociación argumentó la urgencia de redactar dos nuevas leyes que modernicen el sistema. La primera de ellas debería centrarse de forma integral en la carrera militar, abarcando desde la enseñanza y los procesos de ascenso hasta el fomento de la promoción interna. Esta normativa también debería reconocer la labor militar como una profesión de riesgo, regular el pase voluntario a la reserva a los cincuenta y ocho años y ampliar la disposición transitoria séptima para corregir desajustes históricos.
La segunda norma propuesta por la asociación profesional se enfoca en un problema estructural que afecta a la conciliación y estabilidad de las familias militares: la movilidad geográfica. ASFASPRO considera vital establecer medidas de apoyo sólidas que mitiguen el impacto personal y económico que suponen los constantes traslados de destino, una característica intrínseca a la profesión que, a día de hoy, no cuenta con el respaldo institucional necesario.
La reunión también sirvió para denunciar el clima de tensión y la falta de canales efectivos de comunicación con el Ministerio de Defensa, que dirige Margarita Robles. Miquel Peñarroya describió ante los miembros del Partido Popular las dificultades que atraviesa el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas, un órgano que, según la asociación, se encuentra lastrado por la falta de diálogo real por parte de la titular de la cartera de Defensa. Desde ASFASPRO se critica con dureza lo que perciben como una política de doble rasero: «mientras la ministra mantiene un trato fluido y constructivo con los sindicatos que representan al personal civil del ministerio, las asociaciones profesionales militares se encuentran con un muro de indiferencia».

FALTA DE APOYO POLÍTICO
Este sentimiento de marginación no se limita únicamente a la gestión del Ministerio, sino que se extiende a la esfera parlamentaria. ASFASPRO ha manifestado sus serias dudas sobre la voluntad del Grupo Parlamentario Socialista para escuchar sus propuestas. Según fuentes de la asociación, se han remitido más de veinte correos electrónicos solicitando una reunión con los representantes del PSOE en el Congreso de los Diputados, sin que hasta la fecha se haya recibido una respuesta afirmativa.
Esta actitud es calificada de decepcionante, recordando que los representantes de la asociación hablan en nombre de miles de familias militares que también ejercen su derecho al voto y esperan que sus preocupaciones sean atendidas por todos los grupos del arco parlamentario.
Pese a los obstáculos, la hoja de ruta de la asociación profesional de suboficiales es clara: continuar con la ronda de reuniones con todos los partidos políticos que deseen conocer de primera mano la realidad de los cuarteles. Para ASFASPRO, «el tiempo de las buenas palabras ha pasado y la situación exige compromisos legislativos y presupuestarios concretos«. La asociación sostiene que una defensa fuerte, acorde al papel que España pretende jugar en el escenario internacional, no puede construirse sobre la base de un personal militar desmotivado y con condiciones laborales y retributivas desfasadas respecto al resto de la sociedad a la que sirven.
