Netflix vuelve a mirar al pasado y esta vez lo hace con una historia que parece inventada, pero que respira verdad en cada escena. La plataforma ha estrenado ‘El falsificador’, una película que nos traslada a la Roma convulsa de finales de los años 70 y que rescata la vida de un artista que pasó de soñar con colgar sus cuadros en galerías a engañar a coleccionistas, expertos y marchantes de medio mundo.
Lo curioso es que Netflix no apuesta aquí por un ritmo frenético ni por grandes giros de guion, sino por una reconstrucción minuciosa de una época marcada por la inestabilidad en Italia, los llamados “años de plomo”, donde el arte, el dinero y el poder convivían en una tensión constante. La película tiene belleza visual, pero también una pregunta incómoda de fondo: ¿qué convierte a un pintor con talento en el mayor falsificador de su generación?
2Roma, política y el negocio del engaño en Netflix
Uno de los mayores aciertos de Netflix en ‘El falsificador’ es la ambientación. La Roma que muestra la película no es solo postal y monumento, es una ciudad atravesada por conspiraciones, violencia política y redes de poder que se mueven en la sombra. En esa atmósfera turbia, el mercado del arte no aparece como un templo sagrado, sino como otro escenario donde circulan dinero, influencias y silencios interesados.
La trama sugiere que las falsificaciones no prosperan solo por el talento del artista, sino también por la complicidad de quienes prefieren no hacer demasiadas preguntas. Expertos que autentican sin mirar demasiado, coleccionistas que compran por prestigio y no por pasión, intermediarios que ven en cada lienzo una inversión. Netflix deja caer que el engaño fue posible porque el sistema estaba dispuesto a creer.

