¿Por qué Pakistán ha bombardeado Kabul? Todo sobre la declaración de guerra que hace temblar la frontera afgana

- Pakistán ha declarado la guerra abierta contra Afganistán tras lanzar una serie de bombardeos sobre Kabul.
- La ofensiva militar responde a ataques terroristas transfronterizos y amenaza con desestabilizar por completo la seguridad en Asia Central en este 2026.

Pakistán ha lanzado una ofensiva aérea sin precedentes sobre Kabul, la capital de Afganistán, en una escalada bélica que ha hecho saltar todas las alarmas en Asia Central. Tras meses de escaramuzas fronterizas y acusaciones cruzadas de terrorismo, Islamabad ha confirmado oficialmente el inicio de una guerra abierta contra Afganistán, marcando un punto de no retorno en la estabilidad de la región. El impacto de estos bombardeos no solo afecta a la población civil afgana, sino que amenaza con arrastrar a las potencias vecinas a un conflicto de dimensiones impredecibles justo al cierre de este febrero de 2026.

La sombra de la guerra se cierne sobre el cielo de Kabul mientras los bombardeos pakistaníes marcan el inicio de un conflicto formal entre ambas naciones

Pakistán bombardea Kabul y declara la guerra abierta contra Afganistán en una ofensiva que amenaza la precaria paz de la región. El ataque aéreo sobre la capital afgana responde a una supuesta campaña contra refugios del grupo terrorista TTP, pero el anuncio oficial de guerra eleva la tensión a niveles nunca vistos desde la caída del régimen talibán en 2021.

La tensión acumulada durante años en la Línea Durand ha estallado finalmente en una lluvia de fuego sobre los barrios periféricos de Kabul. Lo que durante meses fueron reproches diplomáticos y cierres fronterizos intermitentes, se ha transformado en una ofensiva militar de gran escala que busca descabezar la insurgencia que Pakistán acusa a Afganistán de proteger. Los primeros informes hablan de infraestructuras estratégicas dañadas y una población civil sumida en el pánico ante el ruido de los cazas de combate.

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El gobierno pakistaní, en un comunicado de extrema dureza, ha justificado esta incursión como una medida de legítima defensa necesaria para su supervivencia nacional. Aunque el objetivo declarado son las bases de los talibanes pakistaníes, el hecho de que los ataques alcancen la capital afgana indica que Islamabad ya no distingue entre los grupos insurgentes y el propio gobierno talibán de Afganistán. Esta decisión rompe con décadas de una relación compleja pero funcional, abriendo una herida que difícilmente cicatrizará con diplomacia.

El detonante del conflicto en la frontera

El inicio de las hostilidades parece haber sido una serie de ataques suicidas en territorio pakistaní que Islamabad atribuye directamente a grupos que operan desde suelo afgano. Según el mando militar de Pakistán, la paciencia se ha agotado tras constatar que el régimen talibán ignora las advertencias sobre el desmantelamiento de santuarios terroristas en su territorio. El bombardeo sobre Kabul es el mensaje más rotundo enviado hasta la fecha: Pakistán está dispuesto a llegar hasta el final.

Afganistán, por su parte, ha respondido con una movilización general de sus fuerzas de defensa y una condena internacional inmediata a lo que consideran una violación flagrante de su soberanía. La realidad es que la frontera entre ambos países se ha convertido en un polvorín donde cualquier incidente mínimo sirve de excusa para el uso de artillería pesada. La población civil de ambos lados es la que ahora paga el precio de una política de confrontación que ha sustituido definitivamente al diálogo.

Kabul bajo el fuego de la aviación pakistaní

Los ataques sobre la capital afgana no tienen precedentes en la historia reciente de las relaciones entre estos dos estados vecinos y hermanos. Testigos presenciales describen explosiones en zonas donde supuestamente se encuentran centros de mando y control de milicias extremistas, aunque los daños colaterales son inevitables en una urbe tan densamente poblada. La superioridad aérea de Pakistán ha quedado demostrada en las primeras horas del conflicto, dejando a Afganistán en una posición defensiva crítica.

El anuncio de «guerra abierta» por parte de Islamabad implica que los objetivos no se limitarán a zonas fronterizas, sino que se extenderán a todo el país. Esta escalada busca forzar un colapso del apoyo que los grupos insurgentes reciben en suelo afgano, pero corre el riesgo de fortalecer el sentimiento nacionalista de los talibanes. El cielo de Kabul, otrora escenario de conflictos con potencias extranjeras, ve ahora cómo un vecino histórico se convierte en su principal agresor militar.

La reacción de la comunidad internacional

La ONU y las principales potencias mundiales han expresado su profunda preocupación por una escalada que podría desestabilizar por completo el sur de Asia. China y Estados Unidos, con intereses estratégicos en la zona, han hecho llamados a la contención, aunque la declaración formal de guerra de Pakistán dificulta cualquier mediación a corto plazo. La posibilidad de que este conflicto atraiga a otros actores regionales, como India o Irán, es el escenario que todos intentan evitar desesperadamente.

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Rusia también ha intervenido diplomáticamente, advirtiendo de que una guerra prolongada solo servirá para alimentar el radicalismo y generar una nueva crisis de refugiados a escala global. Sin embargo, Pakistán parece decidido a mantener la presión militar activa hasta que logre garantías de seguridad verificables en su frontera norte. El tablero geopolítico se ha movido de forma brusca, y las alianzas tradicionales están siendo puestas a prueba por el fuego de los misiles en Kabul.

Impacto humanitario y crisis de refugiados

Los bombardeos ya han provocado los primeros desplazamientos masivos de población civil que busca refugio lejos de los centros urbanos y las zonas de combate. Las organizaciones humanitarias advierten que el sistema de salud afgano, ya muy precario, no podrá soportar un flujo masivo de heridos derivado de una guerra total. El cierre de los pasos fronterizos legales complica aún más la llegada de ayuda básica y suministros médicos a las zonas más afectadas.

En Pakistán, la opinión pública se encuentra dividida entre el apoyo a la seguridad nacional y el temor a las represalias terroristas en sus propias ciudades. La guerra abierta supone un gasto económico inasumible para una economía pakistaní que ya atraviesa momentos de gran fragilidad e inflación descontrolada. El coste humano de este conflicto se medirá no solo en bajas militares, sino en el retroceso social y económico de dos pueblos condenados a entenderse geográficamente.

El futuro incierto de Afganistán e Islamabad

Nadie sabe cuánto tiempo podrá sostenerse esta ofensiva sin que el frente de batalla se estanque en una guerra de guerrillas de desgaste infinito. Pakistán confía en que su poderío tecnológico logre una victoria rápida, pero la historia demuestra que Afganistán es un terreno hostil para cualquier fuerza invasora o agresora. La resistencia talibán promete ser feroz, utilizando el conocimiento del terreno y el apoyo de sectores radicales para contrarrestar la aviación pakistaní.

El final de este capítulo bélico dependerá de la capacidad de los líderes de ambos países para encontrar una salida que no suponga una humillación total. Mientras tanto, el ruido de las bombas en Kabul sigue recordando que la diplomacia ha fracasado estrepitosamente en Asia Central este 2026. La guerra abierta ha comenzado, y sus consecuencias apenas estamos empezando a vislumbrarlas en el horizonte de humo y fuego que hoy envuelve a la capital afgana.