El domo de calor vuelve a sonar cada verano en España, aunque ahora estemos en febrero y el frío todavía marque las mañanas. Es curioso cómo funciona la memoria, ya que en invierno tendemos a olvidar lo asfixiantes que pueden llegar a ser julio y agosto, hasta que de pronto los termómetros se disparan y el término reaparece en titulares, tertulias y conversaciones de ascensor. Entonces todo el mundo quiere entender qué está pasando y, sobre todo, cuánto va a durar.
En los últimos años, el domo de calor ha dejado de ser una expresión casi técnica para convertirse en una palabra habitual en los medios españoles, desde diarios como El País hasta cadenas internacionales como France 24. No es para menos, pues cuando este fenómeno se instala sobre la Península, las consecuencias se sienten en la salud, en el campo, en los incendios forestales y en la vida diaria de millones de personas.
2Por qué se forma y por qué dura tanto
La clave está en la llamada corriente en chorro, esa autopista de vientos que circula a gran altura y que organiza buena parte del tiempo en el hemisferio norte. Cuando sus ondulaciones se amplían demasiado y se ralentizan, pueden dejar bloqueada una dorsal de altas presiones justo encima de un territorio. Si eso ocurre sobre España en pleno verano, el domo de calor tiene el escenario perfecto para intensificarse.
También influyen los patrones oceánicos, como La Niña, que alteran la circulación atmosférica global. En un contexto de calentamiento global, además, partimos de temperaturas de base más altas, lo que amplifica el efecto. El IPCC lleva años advirtiendo de que los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes e intensos, y el domo de calor encaja en esa tendencia. No es solo que aparezca más, es que cuando lo hace, aprieta con más fuerza y durante más tiempo.

