El Machu Picchu español: guía de la ruta de senderismo extrema que exige casco y preparación física

Olvida las caminatas plácidas por el campo. Bajar el Barranco de Masca es una experiencia de senderismo técnica que te exige respeto, reserva previa y un equipo de seguridad riguroso. Aquí te contamos cómo sobrevivir y disfrutar de la joya de la corona canaria.

Si piensas que el senderismo es simplemente caminar por el monte con unas zapatillas cómodas, el Barranco de Masca te va a quitar la tontería de un plumazo. No es una exageración: este rincón de Tenerife, apodado con justicia el «Machu Picchu español», es tan visualmente magnético como físicamente castigador.

Hablamos de una ruta que ha pasado de ser un secreto a voces a un itinerario ultra regulado. ¿El motivo? La cantidad de rescates en helicóptero que acumulaba la zona antes de que las autoridades dijeran «basta». Aquí no se viene a pasear; se viene a descender por las entrañas de la tierra hasta tocar el Atlántico.

El mito del caserío: por qué lo llaman el Machu Picchu español

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El punto de partida es el Caserío de Masca, una aldea que parece colgada de un hilo en la cresta de la montaña. La comparación con la ciudadela inca no es gratuita. La arquitectura rural perfectamente integrada en una orografía imposible genera esa sensación de aislamiento sagrado. Es, posiblemente, el escenario de senderismo más fotogénico de España, pero también uno de los más traicioneros si te confías.

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Lo que muchos no saben es que la belleza de Masca es geológica. Las paredes del barranco se cierran sobre ti mientras desciendes, mostrando estratos volcánicos que cuentan la historia de las islas. Es una ruta que sobrecoge por su verticalidad. Aquí el silencio solo se rompe por el crujido de tus botas sobre la piedra descompuesta y, quizá, por el resoplido de algún senderista que ya ha empezado el ascenso de vuelta.

La seguridad no es negociable: el casco y el equipo

Desde su reapertura, hacer senderismo en Masca requiere pasar por un control de seguridad que parece el de un aeropuerto, pero en versión montañera. Si no llevas botas con buen dibujo (olvida las zapatillas de running lisas), no pasas. Y sí, el casco es obligatorio durante todo el trayecto. Puede que te sientas un poco ridículo en las fotos, pero cuando veas la inestabilidad de las paredes, lo agradecerás.

La ruta tiene un componente de riesgo real por desprendimientos. El terreno es joven, volcánico y caprichoso. Por eso, el acceso está limitado a unos pocos afortunados que consiguen plaza en la web oficial. No intentes saltarte las normas; los vigilantes están ahí para evitar que tu excursión termine en el hospital de Santa Cruz.

Qué vas a encontrar en el descenso (y el infierno de la subida)

El descenso es un festival de adrenalina. Son unos cinco kilómetros que salvan un desnivel de 650 metros. Parece poco, pero tus rodillas me darán la razón a mitad de camino. Practicar senderismo aquí es un ejercicio de concentración constante. Cada paso en esta ruta debe ser calculado, buscando siempre el apoyo firme en la roca madre y evitando la gravilla suelta.

  • Paso de los Gigantes: Paredes de más de 600 metros que te hacen sentir minúsculo.
  • La Presa: Un pequeño oasis de humedad en mitad de la aridez volcánica.
  • El cauce seco: Enormes bloques de piedra que te obligarán a usar las manos en algún momento.
  • La llegada a la playa: Un premio de aguas cristalinas flanqueado por los acantilados de Los Gigantes.
  • Flora endémica: Busca los cardones y tabaibas que sobreviven en las grietas.
  • Fauna local: Si tienes suerte, verás al guincho (águila pescadora) sobrevolando el final del barranco.

Preparación física: no es una ruta para todos los públicos

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Seamos sinceros: si tu idea de ejercicio es ir a comprar el pan, esta ruta no es para ti. El senderismo en el Barranco de Masca requiere una forma física media-alta, especialmente ahora que el muelle está cerrado por obras de forma intermitente y te obliga a subir lo que has bajado. Y subir Masca es, literalmente, escalar una pared interminable bajo el sol canario.

Para afrontar esta ruta con garantías, debes tener en cuenta varios factores logísticos. El clima cambia en cuestión de minutos. Puedes empezar con un sol de justicia en el caserío y encontrarte con una humedad asfixiante o viento racheado en el fondo del barranco. La gestión del agua es crítica: no hay fuentes y el esfuerzo físico triplica tu consumo habitual.

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Lo que debes meter en la mochila sí o sí:

  1. Mínimo 2 litros de agua: No, un botellín de 50cl no es suficiente.
  2. Calzado de montaña: Con suela tipo Vibram o similar para evitar resbalones tontos.
  3. Protector solar: El sol rebota en las paredes del barranco y te quema sin que te des cuenta.
  4. Snacks energéticos: Frutos secos, dátiles o barritas para el momento del ascenso.
  5. Cargador portátil: La cobertura es nula en gran parte del trayecto y el móvil gasta más batería buscando señal.
  6. Documentación y reserva: Sin el código QR de la web oficial, no te dejarán ni empezar a caminar.

El futuro de Masca: ¿Hacia un modelo de senderismo de pago?

El éxito de esta ruta ha puesto sobre la mesa el debate sobre la sostenibilidad del turismo de naturaleza. Lo que estamos viendo en Masca es el futuro del senderismo en espacios protegidos: cupos limitados, pago de tasas para el mantenimiento del sendero y una vigilancia extrema. Es el fin de la libertad total en la montaña, pero quizás sea el único camino para no morir de éxito.

Personalmente, creo que estas restricciones son un mal necesario. Prefiero reservar con tres meses de antelación que compartir el camino con 2.000 personas y acabar presenciando un accidente cada media hora. Masca es un lugar sagrado y, como tal, exige que el visitante se adapte al entorno y no al revés. Lo que viene es una profesionalización del senderista recreativo; o estás preparado, o te quedas en el mirador haciendo fotos.