El gluten ha pasado de ser un ingrediente invisible en el pan de cada día a convertirse en el gran sospechoso de la alimentación moderna. En la última década, su nombre ha saltado de las consultas médicas a los supermercados, de las redes sociales a las conversaciones entre amigos que juran sentirse “más ligeros” desde que lo dejaron. El mercado sin este componente no deja de crecer y da la sensación de que, si uno quiere cuidarse, lo lógico es empezar por ahí.
Pero este en realidad no es un villano universal, pues mientras algunas personas deben eliminarlo por razones médicas claras, otras muchas lo han desterrado de su plato sin un diagnóstico que lo justifique. La pregunta es inevitable: ¿qué ocurre realmente en el cuerpo cuando lo dejamos? ¿Hay beneficios para todos o estamos ante una moda con más marketing que ciencia?
1Qué es el gluten y quién necesita evitarlo
El gluten es una proteína presente en cereales como el trigo, la cebada y el centeno. Es lo que da elasticidad a la masa del pan, estructura a la pizza y esa textura esponjosa que asociamos con la bollería. Más allá de su mala fama reciente, forma parte de alimentos que también aportan nutrientes valiosos, especialmente cuando hablamos de cereales integrales ricos en fibra, hierro y vitaminas del grupo B.
Ahora bien, no todo el mundo reacciona igual, pues las personas con enfermedad celíaca, un trastorno autoinmune, sí deben eliminar el gluten de forma estricta porque su consumo daña el intestino delgado, pero también existen casos de sensibilidad no celíaca, donde aparecen molestias digestivas sin lesión intestinal, y personas con alergia al trigo. En estos grupos, dejar el gluten no es una tendencia, es una necesidad médica. Para la mayoría de la población, sin embargo, no hay evidencia sólida que obligue a retirarlo.

