La nominación a los premios Goya del cortometraje documental ‘Zona Wao’ ha situado en el foco a Repsol por su actividad extractiva en la Amazonia ecuatoriana. La obra, impulsada por la productora vasca El Santo Films y financiada en parte con apoyo público vasco, traza un retrato crítico la explotación petrolífera en uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta.
El documental, dirigido por la cineasta Nagore Eceiza, construye una inmersión de 25 minutos en la vida cotidiana de la comunidad waorani, un pueblo indígena que habita en la Amazonia ecuatoriana. Lejos de optar por un análisis geopolítico exhaustivo, la directora centra la mirada en el impacto humano y ambiental de la industria petrolera: contaminación de ríos, afecciones a la salud, transformación del territorio y promesas incumplidas a la población local.
El resultado es una extraordinaria pieza que combina denuncia ambiental, memoria colectiva y una reivindicación de justicia social. La película sostiene que la expansión de las infraestructuras extractivas ha convertido amplias áreas de la selva en lo que denomina ‘zonas de sacrificio’, que son espacios donde el desarrollo industrial ha primado sobre los derechos de las comunidades indígenas.
En ese contexto, se describe cómo la actividad petrolera habría contribuido a la propagación de enfermedades y a la degradación de los ecosistemas de los que dependen las comunidades para su subsistencia. El relato se apoya exclusivamente en testimonios waorani, lo que refuerza su carácter de denuncia desde dentro.

El estreno en la plataforma Filmin ha ampliado el alcance de la obra, que ha sido bien valorada por el público cinéfilo y ha iniciado un recorrido internacional destacado. Antes de su candidatura a los Goya, ‘Zona Wao’ fue finalista en los Premios Fugaz y ha acumulado una docena de reconocimientos en festivales de Italia, Francia y República Checa, consolidándose como una referencia en el ámbito del documental social contemporáneo.
La controversia no se limita al plano cinematográfico. El hecho de que el proyecto haya contado con el respaldo del Gobierno Vasco y la colaboración de organizaciones como Medicus Mundi introduce una dimensión política adicional, al situar bajo escrutinio a una de las principales multinacionales con raíces en Euskadi.
EXTRACTIVISMO EN PAÍSES CON ECONOMÍA DELICADA
El gigante presidido por Josu Jon Imaz explotó durante años bloques petroleros en la Amazonia ecuatoriana, en un contexto en el que distintas compañías internacionales participaron en la extracción de crudo con autorización del Gobierno del país andino. El documental se inscribe en un debate global sobre extractivismo y transición energética.
En un momento en que las grandes compañías del sector buscan proyectar una imagen de compromiso con la descarbonización y la sostenibilidad, la mirada hacia el pasado en territorios como la Amazonia reabre preguntas incómodas. La tensión entre desarrollo económico, soberanía de los Estados, derechos indígenas y protección ambiental atraviesa toda la narrativa del filme.
La nominación a los Goya amplifica ese debate en el ámbito estatal. No es habitual que una producción que apunta directamente a la actuación histórica de una multinacional española alcance tal visibilidad en el principal escaparate del cine nacional. El eco mediático sitúa a Repsol ante un reto reputacional, especialmente por la conexión territorial y política que representa su presidente.
PROBLEMAS PARA REPSOL POR VARIOS FRENTES ABIERTOS
La imagen Repsol no atraviesa por su mejor momento. Sus planes de colaboración con la administración de Donald Trump para hacer caja en la intervenida Venezuela han generado críticas.
Al mismo tiempo, una filial clave de Repsol como Petronor ha sido objeto de controversias ambientales recientes tras incidentes en su refinería de Muskiz (Vizcaya), donde se han detectado partículas de benceno en el aire.
