¿Y si el problema no son los que se sienten animales, sino los que no entienden por qué lo hacen? Andrea Anaya, psicóloga con miles de seguidores en TikTok, lleva días siendo la voz más escuchada sobre un fenómeno que ha dividido a España en dos bandos: los que se burlan y los que se preguntan qué hay realmente detrás.
En solo semanas, los therians han pasado de ser una subcultura digital desconocida a protagonizar concentraciones multitudinarias en Madrid y Barcelona. Miles de personas en las calles, cuatro detenidos en la capital catalana, y una pregunta que nadie ha sabido responder bien todavía: ¿qué le está pasando a esta generación?
Andrea Anaya lo aclara: no es una enfermedad mental
Andrea Anaya fue directa en su vídeo de TikTok: los therians no tienen «ninguna enfermedad mental». Su argumento es técnico y concreto: este fenómeno no está reconocido por The American Psychiatric Association y no aparece en el DSM-5, el manual de referencia que los profesionales utilizan para diagnosticar trastornos.
Eso no significa que no merezca atención. La propia Andrea Anaya matiza que «el hecho de que algo no sea diagnosticable no significa que no merezca un análisis clínico». Esa distinción, aparentemente pequeña, cambia por completo cómo debería abordarse el debate público sobre los therians.
Qué son los therians y por qué ahora
Los therians son personas que reportan tener una identidad vinculada a un animal específico, llamado theriotype. No es cosplay ni disfraz: para ellos, es parte constitutiva de su personalidad, algo que no eligen sino que experimentan de forma interna.
El fenómeno no es nuevo. Sus raíces se remontan a los años 90, a un grupo de noticias de internet donde usuarios se identificaban como hombres lobo. Lo que ha cambiado es la amplificación algorítmica: TikTok e Instagram han convertido una subcultura de nicho en un fenómeno global visible para millones de personas.
Una generación desconectada que busca pertenecer
Según Andrea Anaya, los therians pertenecen a «una generación que se siente desconectada, que está en una búsqueda y exploración de la identidad, tiene una fuertísima necesidad de pertenencia y que está construyendo su self a través de símbolos». No es un diagnóstico; es una lectura social.
La psicóloga recuerda que los adolescentes siempre han experimentado con su identidad. Lo que incomoda ahora es que lo hacen ante millones de personas. Los emos, los punks, los góticos, todos pasaron por el mismo escrutinio público. La diferencia es la escala y la velocidad del algoritmo.
Cuándo sí hay que preocuparse: las señales de alerta
Andrea Anaya establece límites clínicos claros. El fenómeno deja de ser una expresión cultural cuando aparece «pérdida de contacto con la realidad, delirios o un aislamiento extremo». En ese punto, ya no se habla de identidad digital: se habla de un caso que necesita intervención profesional.
La psicóloga también señala otros factores que conviene vigilar: una posible disociación leve normalizada, el refuerzo grupal online y una identidad amplificada por el algoritmo. Son dinámicas que no implican patología, pero que sí merecen acompañamiento y observación desde el entorno familiar y educativo.
El símbolo animal: qué dice realmente de quien lo elige
| Animal | Posible significado psicológico según el análisis clínico |
|---|---|
| Lobo | Soledad, instinto protector, sentirse diferente |
| Zorro | Astucia, desconfianza del entorno, adaptación |
| Gato | Independencia, rechazo a la autoridad, autonomía emocional |
| Pájaro | Deseo de libertad, sensación de estar atrapado |
| Perro | Necesidad de vínculo, lealtad, búsqueda de aceptación |
Para Andrea Anaya, el animal elegido por cada therian funciona como un «símbolo psicológico». Decir «soy un lobo» puede traducirse como «me siento solitario, protector o diferente». El análisis clínico debe ir más allá de la literalidad y centrarse en el significado subjetivo que cada individuo le otorga.
Qué le pide Andrea Anaya a la sociedad española
La psicóloga Andrea Anaya resume su posición con una frase que debería presidir el debate: «No se trata de burlarse, pero tampoco de romantizar o replicar todo lo que aparece en redes». Dos excesos opuestos que impiden entender lo que realmente está ocurriendo con estos jóvenes.
La pregunta que los profesionales de la salud mental deberían hacerse, según Andrea Anaya, no es «¿qué trastorno tiene este chico?», sino «¿qué parte humana no está pudiendo integrar?. Ese cambio de enfoque es, probablemente, la contribución más valiosa de toda esta polémica.


