Caminar es, probablemente, el consejo de salud más repetido del mundo, ya sea para despejar la cabeza, para bajar el estrés, o para mover el cuerpo sin castigar las articulaciones. Pero ahora hay algo sonando mucho y es que no siempre tiene que ser hacia delante. Algo muy curioso y que puede sonar extraño pero en lo que actualmente cada vez más entrenadores y fisioterapeutas están poniendo el foco.
Caminar de espaldas no es una moda de redes ni un reto viral, es más, forma parte de prácticas tradicionales en China desde hace siglos y más tarde fue adoptado por atletas que buscaban mejorar su rendimiento. Ahora la ciencia empieza a mirar con más atención este gesto tan simple y a confirmar que cambiar la dirección puede cambiar también los beneficios.
2Caminar hacia atrás implica más equilibrio, cerebro y coordinación
Caminar en reversa no solo desafía a los músculos, también pone a trabajar al cerebro, ya que no estamos viendo hacia dónde vamos, y eso hace que la atención se dispare, el sistema de equilibrio se active y la coordinación entre en juego de manera mucho más consciente. Es un movimiento menos automático y eso, según varios estudios recientes, puede traducirse en mejoras cognitivas.
Algunas investigaciones han observado que personas que incorporaron sesiones breves de caminata hacia atrás varias veces por semana mejoraron su estabilidad más que quienes siguieron con la marcha tradicional, y algunas veces incluso se han registrado avances en memoria a corto plazo y tiempos de reacción. No es magia ni nada por el estilo, es neurociencia básica, pues cuando el cerebro se enfrenta a una tarea nueva y exigente, crea conexiones y se adapta.
