La alternativa en Netflix para quienes vieron ‘Salvador’ de Luis Tosar y quedaron encantados

Si te quedaste con ese nudo en el estómago después de ver a Luis Tosar en ‘Salvador’ y no sabes qué empezar ahora en Netflix, hay una serie que puede llenar ese vacío y que aunque cambia el escenario, mantiene la tensión, la crudeza y esa sensación constante de que todo puede estallar en cualquier momento.

Luis Tosar ha demostrado siempre que cuando se pone al frente de una historia, algo pasa, como en el estreno de ‘Salvador’ el pasado 6 de febrero de 2026, pues el thriller no solo se colocó en lo más alto de Netflix a nivel global, sino que en España se mantuvo firme en el número uno durante semanas. El actor, interpretando a ese padre que descubre que su hija está vinculada a un grupo ultra, sostuvo la tensión con una mezcla de rabia contenida y vulnerabilidad que dejó a muchos pegados al sofá.

Luis Tosar no es nuevo en papeles intensos, pero aquí había algo distinto. Quizá el ritmo seco que imprime la serie, creada por Aitor Gabilondo, o esa sensación constante de que todo puede estallar en cualquier momento. El caso es que, cuando terminan los seis capítulos, queda un vacío difícil de llenar, y ahí es donde empieza la búsqueda casi desesperada de algo que esté a la altura.

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Una serie perfecta para cuando acabes ‘Salvador’ de Luis Tosar

“Salvador”. Fuente: Netflix

Para quienes se quedaron con ganas de más después de ver a Luis Tosar en ‘Salvador’, hay una alternativa que encaja sorprendentemente bien: ‘En el barro’. No habla de ultras ni de conflictos familiares en los suburbios, pero sí comparte ese ambiente cerrado, opresivo, donde cada decisión tiene consecuencias y la supervivencia no es una metáfora, sino una necesidad diaria.

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La serie argentina, que cuenta con 16 episodios, sigue a Gladys y a un grupo de internas que deben adaptarse a la vida en la prisión de La Quebrada. Aquí no hay glamour ni romanticismo carcelario. El tono es crudo, directo, más cercano a ‘Vis a Vis’ que a cualquier ficción estilizada. Esa dureza, esa sensación de encierro constante, conecta con la atmósfera asfixiante que también respirábamos en la historia de Luis Tosar.

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