La deshidratación suele pasar desapercibida en el día a día, pero tiene más impacto en nuestra salud de lo que imaginamos, especialmente cuando hablamos del corazón y de la presión arterial. Esta no solo aparece en verano o cuando hacemos ejercicio intenso, también se cuela en rutinas normales, en jornadas largas de trabajo, en personas que olvidan beber agua o que simplemente no sienten sed con facilidad.
La deshidratación, además, no se limita a provocar cansancio o sequedad en la piel, pues los cardiólogos llevan tiempo advirtiendo de que la falta de agua puede alterar el equilibrio interno del organismo y afectar directamente a la presión arterial, con efectos que a veces resultan contradictorios y difíciles de identificar si no se conocen bien.
2Por qué la deshidratación puede aumentar la presión
La deshidratación no solo reduce el volumen sanguíneo, también empuja al organismo a retener líquidos como forma de defensa. Esa retención es uno de los factores que más influyen en la aparición de la hipertensión, especialmente cuando se mantiene en el tiempo y se combina con otros hábitos poco saludables.
Además, cuando la deshidratación se vuelve habitual, el cuerpo entra en un estado de alerta constante que afecta al sistema cardiovascular. Diversos estudios han relacionado una hidratación insuficiente con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, incluidas las relacionadas con el corazón y los pulmones, lo que refuerza la idea de que beber agua no es un gesto menor, sino una parte clave del cuidado diario.
