La deshidratación suele pasar desapercibida en el día a día, pero tiene más impacto en nuestra salud de lo que imaginamos, especialmente cuando hablamos del corazón y de la presión arterial. Esta no solo aparece en verano o cuando hacemos ejercicio intenso, también se cuela en rutinas normales, en jornadas largas de trabajo, en personas que olvidan beber agua o que simplemente no sienten sed con facilidad.
La deshidratación, además, no se limita a provocar cansancio o sequedad en la piel, pues los cardiólogos llevan tiempo advirtiendo de que la falta de agua puede alterar el equilibrio interno del organismo y afectar directamente a la presión arterial, con efectos que a veces resultan contradictorios y difíciles de identificar si no se conocen bien.
3Cómo evitar la deshidratación y cuidar el corazón
La deshidratación se produce cuando perdemos más agua de la que ingerimos, por eso los especialistas recomiendan mantener una ingesta regular de líquidos a lo largo del día. Aunque de forma general se habla de unos dos litros diarios, esa cantidad varía según la edad, el peso, el nivel de actividad física o el clima, por lo que conviene adaptarla a cada caso.
Además del agua, existen otras formas de mejorar la hidratación y apoyar la salud cardiovascular. Bebidas como el té aportan antioxidantes beneficiosos para el corazón, mientras que la leche suma calcio y proteínas de calidad. También pueden ayudar los licuados de frutas y verduras, mejor aún si se prioriza la fruta entera, y las aguas infusionadas, que facilitan beber más líquido sin caer en bebidas azucaradas. Mantener una buena hidratación, junto a hábitos como controlar el estrés, reducir el sodio y hacer ejercicio, es una de las maneras más sencillas de proteger la presión arterial y el bienestar general.
