El Rey emérito, Alicante y María Guardiola comprometen el discurso regenerador de Feijóo

Alberto Núñez Feijóo sigue perdiendo fueza. Lo que empezó como un liderazgo de oposición supuestamente centrado en la lucha contra la corrupción y la regeneración política se ha visto erosionado por una sucesión de decisiones contradictorias y movimientos mediáticos que han diluido su mensaje.

La incapacidad de proyectar firmeza frente al PSOE y mantener coherencia interna ha dejado al líder del PP vulnerable ante los aliados y rivales por igual. Durante meses, Feijóo se ha visto atrapado entre la presión de la prensa madrileña cercana a Isabel Díaz Ayuso y la necesidad de responder al constante avance electoral de Vox.

Los intentos de situarse a nivel público como referente de estabilidad y sensatez han chocado con la teatralidad de los medios y la exigencia de posiciones más extremas para no perder apoyos. Lo que en otros tiempos podría haber sido un ejercicio de prudencia se ha convertido en un vaivén de gestos y declaraciones que desdibujan su autoridad.

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El último episodio con Juan Carlos de Borbón ejemplifica esta debilidad. Al situar al emérito en el centro del debate político, vinculando su salida de España al 23F y no a los escándalos de corrupción que realmente marcaron su marcha, Feijóo ha mostrado un cálculo fallido que termina por comprometer la coherencia de su discurso regenerador.

Entre la presión mediática, el ascenso de Vox y los errores estratégicos, el líder popular se enfrenta a un doble reto: mantener su credibilidad ante la opinión pública mientras trata de sostener la unidad de un partido cada vez más desanimado.

EL EMÉRITO

El regreso de Juan Carlos de Borbón al centro del debate político ha sacudido la narrativa regeneracionista que Alberto Núñez Feijóo ha intentado construir en los últimos años. La petición pública del líder del PP de que el emérito regresara a España, tras la desclasificación de los papeles del 23F, ha generado un choque evidente entre su discurso histórico de lucha contra la corrupción y su respaldo implícito a una figura que muchos consideran el mayor símbolo de escándalos financieros de la vida pública contemporánea.

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Núñez Feijóo. Foto: EP.

Feijóo llegó a insinuar que la decisión de Pedro Sánchez de desclasificar documentos tenía un trasfondo antimonárquico, alimentando la idea de que el Gobierno buscaba debilitar la institución.

Tras conocerse los documentos, el expresidente gallego vinculó la salida del emérito con los hechos del 23F, el dirigente popular ignoró décadas de historia: Juan Carlos no abandonó España por su papel en el golpe de Estado, sino tras los escándalos de corrupción que erosionaron su imagen y le llevaron a abdicar en 2014, lo cual obligó a Felipe de Borbón a tomar distancia pública.

La mudanza del exmonarca a Emiratos Árabes Unidos, donde no tributa por la fortuna acumulada mediante comisiones irregulares, reforzó aún más la percepción de impunidad. El propio Feijóo verbalizó su deseo de regreso tras advertírselo a Casa Real, que emitió un incómodo acuse de recibo. Con ello, comprometió la neutralidad de la Corona, situando al monarca en el centro del debate partidista.

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ALICANTE

La gestión del PP en Alicante también ha puesto en evidencia inconsistencias en el compromiso con la ejemplaridad que Feijóo proclama. El escándalo de las VPO en la playa de San Juan ha revelado que concejales, arquitectos, hijos de notarios y altos funcionarios vinculados al Ayuntamiento se adjudicaron viviendas protegidas con piscinas y pistas de pádel, con sueldos de hasta 70.000 euros.

La polémica no solo afecta al equipo del alcalde Luis Barcala, que ha anunciado varias medidas para perseguir estas presuntas irregularidades, sino que también compromete en menor medida al Gobierno valenciano de Juan Francisco Pérez Llorca.

En un contexto de emergencia habitacional con precios de compra y alquiler al alza, la asignación de estas viviendas provoca indignación social y erosiona la percepción de transparencia que el PP intenta proyectar a nivel nacional.

La incoherencia entre el discurso de regeneración y las prácticas locales refuerza la sensación de doble estándar dentro del partido.

GUARDIOLA

En Extremadura, María Guardiola ha demostrado que sus principios son flexibles cuando le conviene. Durante años se presentó como defensora de valores claros: tras las elecciones de mayo de 2023, dejó claro que no podía gobernar con “aquellos que nieguen la violencia machista”, estableciendo una línea roja que parecía firme. Incluso llegó a adelantar elecciones para evitar depender de Vox en la formación de gobierno, alardeando de su compromiso con la coherencia y la independencia política.

Sin embargo, pocos meses después, la misma dirigente selló un pacto con Vox para formar gobierno en coalición, borrando todas sus promesas previas. Hoy asegura acercarse «al feminismo que defiende» Vox, como justificación de su alianza con la extrema derecha que antes repudiaba. Este cambio abrupto no refleja pragmatismo, sino el oportunismo que el PP denuncia de otros pactos conformados por el PSOE.

Lo que ayer era inadmisible para la presidenta interina hoy se convierte en aliado estratégico para incomodidad de Núñez Feijóo, apartado por Guardiola de la campaña extremeña y desgastado en las encuestas.