La col ha estado presente en la cocina de muchas culturas desde hace siglos y, aunque a veces pasa desapercibida frente a otras verduras más populares, lo cierto es que tiene mucho más que ofrecer de lo que parece a simple vista. Esta hortaliza, conocida científicamente como Brassica oleracea, pertenece a la familia de las crucíferas, la misma en la que se encuentran alimentos tan conocidos como el brócoli o la coliflor.
La col se reconoce fácilmente por sus hojas alargadas y onduladas que crecen formando una especie de roseta. Aunque la variedad más conocida es la de color verde oscuro, también existen coles de tonos más claros e incluso de colores rojizos o morados. Más allá de su aspecto, lo interesante es lo que guarda en su interior, porque la col es un alimento muy completo desde el punto de vista nutricional y cada vez más estudios destacan los beneficios que puede aportar al organismo cuando forma parte de la dieta habitual.
1La importante acción antioxidante de la col
Uno de los aspectos que más interés despierta entre los investigadores es la capacidad antioxidante de la col. Distintos estudios científicos han analizado sus compuestos fitoquímicos y han encontrado en ella una gran variedad de sustancias que pueden beneficiar al organismo. Entre las más destacadas aparecen los flavonoides, los carotenoides y el sulforafano, todos ellos conocidos por su acción antioxidante.
Estos compuestos ayudan a neutralizar los radicales libres, unas moléculas inestables que se generan en el cuerpo y que, con el tiempo, pueden dañar las células. Ese daño celular está relacionado con el envejecimiento prematuro y con el desarrollo de distintas enfermedades crónicas. Por eso, incluir esta hortaliza en la alimentación puede ser una forma sencilla de aportar al organismo sustancias que contribuyan a protegerlo frente a ese desgaste natural.
