Los frutos secos llevan años apareciendo en casi todas las recomendaciones de alimentación saludable, aunque durante mucho tiempo no se les dio la importancia que realmente tienen. Hoy es difícil encontrar a un nutricionista que no los mencione cuando habla de mejorar la dieta, y cada vez más estudios confirman que incluir frutos secos en el día a día puede aportar mucho más que un simple snack entre comidas.
Durante décadas se pensó que, por su alto contenido calórico, lo mejor era consumir frutos secos con mucha cautela, pero la investigación reciente ha cambiado bastante esa idea. Diversos trabajos científicos han observado que comer un pequeño puñado al día se relaciona con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de ayudar a controlar el azúcar en sangre, mejorar la salud intestinal e incluso favorecer una vida más larga, pero hay que ver las diferencias de cada uno.
3Cacahuetes y nueces, aliados del corazón y del cerebro
Aunque técnicamente los cacahuetes son una legumbre, en la cocina suelen incluirse dentro del grupo de los frutos secos por su perfil nutricional. Son especialmente ricos en proteínas y folato, un nutriente importante para el desarrollo celular y para el buen funcionamiento del organismo. También aportan niacina, una vitamina del grupo B que participa en procesos relacionados con el sistema nervioso y digestivo.
Las nueces, por su parte, suelen ocupar un lugar especial entre los frutos secos por su contenido en ácidos grasos omega-3. Estos compuestos están asociados con una mejor salud cardiovascular, con la reducción de la inflamación y con el buen funcionamiento del cerebro. Además, varios estudios sugieren que las nueces pueden favorecer un microbioma intestinal más saludable y contribuir a mejorar la calidad del sueño, lo que explica por qué muchos especialistas recomiendan incluir una pequeña variedad de frutos secos en la alimentación diaria.

