Cadaqués, el pueblo blanco de Cataluña que enamora con sus calles y calas

Cadaqués es uno de esos pueblos que parecen sacados de una postal del Mediterráneo, con sus calles blancas, sus pequeñas calas y la calma que se respira frente al mar que han conquistado durante años a viajeros y artistas, convirtiendo este rincón de Costa Brava en uno de los destinos más especiales de Cataluña.

Cadaqués aparece casi siempre en las listas de los pueblos más bonitos de la Costa Brava, pero entender por qué enamora tanto requiere caminarlo con calma. A simple vista es un pequeño pueblo blanco frente al Mediterráneo, con calles estrechas y casas que reflejan la luz del sol, aunque basta pasar un rato allí para darse cuenta de que tiene algo más difícil de explicar. Hay una mezcla de mar, arte y tranquilidad que ha seducido durante décadas a viajeros, escritores y pintores.

Ese carácter especial tiene mucho que ver con su aislamiento histórico, pues durante mucho tiempo, llegar a Cadaqués no fue sencillo, y ese relativo aislamiento ayudó a que el pueblo conservara una identidad propia. Hoy sigue manteniendo ese aire de antiguo refugio mediterráneo donde el tiempo parece avanzar un poco más despacio, entre fachadas blancas, buganvillas de colores y el sonido constante del mar.

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El pueblo que conquistó a Dalí y a muchos artistas

“Casa Museo Dalí”. Fuente: Wikipedia

Hablar de Cadaqués es hablar inevitablemente de Salvador Dalí, ya que el artista quedó fascinado con este rincón del Mediterráneo y en 1930 compró unas antiguas barracas de pescadores en la cercana cala de Portlligat. Con el tiempo las transformó en una vivienda muy peculiar que terminó pareciendo un pequeño laberinto de habitaciones, patios y miradores frente al mar.

Aquella casa se convirtió en su refugio creativo y en el lugar donde nacieron algunas de sus obras más conocidas. Tras la muerte de Gala en 1982, Dalí abandonó la casa, pero hoy el lugar se ha transformado en la Casa-Museo Salvador Dalí, una visita casi obligada para quienes llegan a Cadaqués. Y no fue el único artista que cayó rendido ante el pueblo, pues por aquí también pasaron nombres como Federico García Lorca, Marcel Duchamp, Joan Miró o Pablo Picasso.