El tablero de la geopolítica mundial actual cambia cada minuto debido a los movimientos que el presidente norteamericano, Donald Trump, esta realizando en este segundo mandato. Estas acciones junto a los nuevos retos y desafíos de la política mundial han acabado por socavar la complacencia y la dependencia en la que ha vivido la Unión Europea estas últimas décadas en materia de política exterior y Defensa.
Lo que se analizó como una anomalía ruidosa en la política estadounidense, la figura de Donald Trump, se ha revelado como el catalizador definitivo de un cambio de paradigma en el Viejo Continente, acostumbrado a seguir las directrices norteamericanas sin preguntar. En este sentido, y dentro del II Encuentro EXPANSIÓN Industria de Defensa, las voces más autorizadas del sector han coincidido en un diagnóstico crudo: la autonomía estratégica europea ya no es una opción intelectual, sino una urgencia vital dictada por la imprevisibilidad de Washington y la fragilidad de un orden internacional que cruje bajo nuevas tensiones.
Y con estas circunstancias España busca liderar esta transición hacia una Europa más resiliente. Así, la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, fue contundente al señalar que «Europa debe asumir su capacidad para protegerse y contribuir a la seguridad global». Para Valcarce, el escenario actual no permite titubeos, especialmente cuando «las tensiones en Irán ponen de manifiesto la fragilidad del entorno internacional. Esta visión sitúa a la industria de defensa no solo como un motor económico, sino como el pilar de una soberanía que Europa ha descuidado mientras delegaba su seguridad en terceros.
EL DESPERTAR DEL LETARGO ESTRATÉGICO
La incidencia de la administración Trump en la psique colectiva de la Unión Europea fue el eje de la intervención de Javier Colomina, representante especial del secretario general de la OTAN para la Vecindad Sur. Colomina no utilizó eufemismos al afirmar que «a Europa la han despertado de un letargo estratégico«, un estado de parálisis en el que el continente seguiría sumido «si no hubiera sido por el denostado presidente norteamericano». Esta sacudida es vista por el subsecretario de la OTAN como «una oportunidad para que Europa empiece a tomar las decisiones en materia de seguridad y defensa» que se vienen postergando desde la anexión de Crimea en 2014.
El análisis de Colomina apunta a una realidad incómoda: la dependencia casi absoluta de la tecnología y los suministros estadounidenses. «Europa no es capaz de generar esos misiles», advirtió, recordando que el 90% del material que Ucrania emplea para su defensa proviene de Estados Unidos. Ante este déficit, el representante de la Alianza Atlántica instó a los países europeos a elevar el gasto militar hacia el entorno del 3,5% del PIB, señalando que «en algún momento se van a tener que tomar decisiones de soberanía» para romper la tutela industrial de Washington.

DESAFÍOS INDUSTRIALES Y PROYECTOS TRACTORES
En este proceso de rearme moral e industrial, proyectos como el FCAS (el futuro caza europeo) se erigen como símbolos de la capacidad de cooperación —o de las limitaciones— del continente. Ángel Escribano, presidente ejecutivo de Indra, se mostró optimista pese a las fricciones entre París y Berlín. «Es un programa demasiado importante para Europa y no puede quedar bloqueado», subrayó Escribano, quien confía en que el proyecto «saldrá adelante» con una participación española del 33%. Para el directivo, el éxito de estos consorcios es la clave para que la industria nacional, que el año pasado vio cómo Indra se revalorizaba un 184% en bolsa, siga consolidándose como un actor global competitivo.
La transformación del sector no se percibe como una burbuja pasajera, sino como un cambio de mentalidad profundo. Luis Furnells, presidente del Grupo Oesía, lo resumió de forma lapidaria: “Hemos pasado de la Europa del bienestar a la Europa de la seguridad y del bien defender”. Esta transición exige, según los expertos, una estabilidad inversora que supere los tradicionales «dientes de sierra» de los presupuestos públicos. Ricardo Domínguez, presidente de Navantia, reforzó esta idea destacando que programas como la fragata F-110 permiten dinamizar una cadena de suministro donde el 70-80% del desarrollo es europeo, garantizando una autonomía que la «era Trump» ha demostrado indispensable.
LA VULNERABILIDAD TECNOLÓGICA Y EL CIBERESPACIO
Sin embargo, el camino hacia la soberanía total está sembrado de minas tecnológicas. Fernando Fernández, CEO de EM&E Group, y Jesús B. Serrano, CEO de GMV, alertaron sobre la alarmante dependencia exterior: «casi el 80% de la Defensa se compra fuera». El déficit en semiconductores y electrónica avanzada sitúa a Europa en una posición de debilidad frente a potencias que controlan la cadena de suministro de chips. «Los chips están en una capa muy importante y creemos que, no solo en España sino en Europa también, se tiene cierta carencia sobre ello», lamentó Fernández.
Esta vulnerabilidad se extiende al ciberespacio, el nuevo «corazón de un país en primera línea de combate», según el vicealmirante Javier Roca Rivero. La advertencia sobre la dependencia de la nube y la inteligencia artificial estadounidense fue compartida por Jacinto Cavestany, CEO de Evolutio, quien planteó un escenario inquietante: «Si Estados Unidos decidiera apagar sus compañías, Europa tendría muy poco margen de maniobra«. La autonomía, por tanto, no solo pasa por fabricar tanques o fragatas, sino por poseer las llaves digitales que aseguran la resiliencia de las infraestructuras críticas.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y VALORES ÉTICOS
El uso de la Inteligencia Artificial (IA) en el campo de batalla añade una capa de complejidad ética al debate sobre la soberanía. El teniente general José María Millán Martínez fue tajante al respecto: «La IA nos debe ayudar a ganar la guerra de una manera legal. No se puede ganar a cualquier precio». En un entorno donde la tecnología acelera la toma de decisiones, el consenso entre los expertos es que la responsabilidad debe seguir siendo humana. Ignacio Montiel, de la DG DEFIS de la Unión Europea, insistió en que «la forma de poder asegurar que cumplimos con el derecho internacional es usando la IA de forma responsable».
La «vorágine» provocada por las decisiones de la administración Trump, como describió Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN, ha obligado a Europa a mirar hacia adentro. Desde el espacio —donde España saca pecho como una de las diez naciones capaces de poner un satélite en órbita— hasta la ciberseguridad, el Viejo Continente intenta ahora acelerar para recuperar el tiempo perdido durante su largo «letargo». La conclusión del encuentro es clara: la seguridad ya no se puede improvisar, y el apetito de los inversores privados por este sector confirma que la defensa se ha convertido en el nuevo eje estructural de la soberanía europea. Como señaló Carlos Carbó, de Nazca Capital, esta es «una ola a la que no le vemos el final».
