El tablero de la izquierda vuelve a agitarse. En un momento de debilidad electoral para Podemos y el conjunto del espacio, el acercamiento de Gabriel Rufián a los morados, a través del acto que compartirán Irene Montero y el diputado de ERC en Barcelona, ha provocado una reacción inmediata en Sumar e Izquierda Unida, donde el movimiento ha sido recibido con incomodidad e incluso con recelo.
Los malos resultados de Podemos en comunidades como Castilla y León y Aragón, donde no alcanzaron el 1% de los votos y perdieron su representación institucional, han debilitado notablemente la posición del partido.
Estos resultados han eclipsado otros logros más recientes, como el desempeño de la formación en Extremadura, donde, bajo el paraguas de Unidas por Extremadura, lograron cerrar el año pasado con mejores sensaciones. Sin embargo, el balance global sigue siendo negativo y ha alimentado la narrativa de declive que sus adversarios dentro del mismo espectro político han aprovechado.
En ese contexto, tanto Sumar como Izquierda Unida habían conformado una estrategia para consolidar su espacio aun sin contar con Podemos. El objetivo era reforzarse territorialmente, con especial atención a Andalucía, donde aspiraban a terminar de arrinconar a los morados.
Pero el giro introducido por el acercamiento entre Podemos y Rufián ha alterado esos planes. La posibilidad de una alianza más amplia o, al menos, de una interlocución política relevante, devuelve a Podemos al centro del debate.
RUFIÁN, LA ESTRELLA A LA IZQUIERDA DE SÁNCHEZ
La figura de Rufián no es menor en esta ecuación. Portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso, ha cultivado durante años una imagen de político directo, mediático y con gran capacidad de conectar en redes sociales.

Su relación con Podemos ha sido históricamente buena, aunque se deterioró cuando empezó a insistir en la necesidad de una unión de todas las fuerzas de la izquierda transformadora. Para sectores de Podemos, ese discurso implicaba, de facto, que les empujasen cerca de Yolanda Díaz.
La renuncia de Díaz a repetir como candidata en las generales y el planteamiento de Rufián, que apuesta por una candidatura amplia y competitiva, coincide con la preocupación creciente en el PSOE. Los socialistas consideran que el espacio a su izquierda solo podrá ser competitivo de cara a 2027 si logra articularse en torno a un liderazgo fuerte y una candidatura ilusionante.
En ese escenario, el nombre de Rufián aparece recurrentemente como el mejor valorado en las encuestas, pero por ahora ni Sumar, Podemos o ERC están de acuerdo con sostenerle la idea. Algunas voces dentro del espacio progresista van más allá y sugieren que una lista encabezada por Rufián, con el respaldo de Podemos, podría mejorar los resultados de Sumar en 2023.
No obstante, esta hipótesis choca con múltiples resistencias. Por un lado, Podemos no parece dispuesto a renunciar a su estrategia actual, que pasa por concurrir en solitario con Irene Montero como candidata. Por otro, el propio Rufián difícilmente aceptaría liderar un proyecto que dejara fuera a actores clave como Sumar o el propio Podemos.
El problema de fondo es que la reconfiguración del espacio exigiría concesiones profundas por todas las partes. Sumar e IU tendrían que replantear su actual proyecto, percibido por algunos como una suerte de ‘Sumar 2.0’ sin socios relevantes como Podemos, Compromís o la Chunta Aragonesista.
A su vez, Podemos debería abandonar su camino en solitario, que es una estrategia que responde tanto a la voluntad de reafirmar su identidad como a la necesidad de mantener cohesionado a su electorado más fiel.
La candidatura de Irene Montero simboliza precisamente esa apuesta por resistir en un contexto muy complicado y reconstruirse desde una posición autónoma, aunque los resultados recientes complican su viabilidad.
EL MOTOR DE RUFIÁN
En medio de este complejo tablero, Rufián emerge como un actor disruptivo. Sus críticos le acusan de moverse por ambición personal y de intentar capitalizar su notoriedad mediática, construida a base de intervenciones virales en el Congreso y una intensa actividad en redes sociales.
También señalan que su papel dentro de ERC es ambiguo: aunque sigue siendo una figura clave, su perfil propio es tan fuerte que el partido difícilmente podría contenerle si decidiera emprender un camino alternativo.
Sea como fuere, lo cierto es que su capacidad para marcar la agenda es indiscutible. El próximo encuentro entre Rufián e Irene Montero, previsto para abril en Barcelona y moderado por Xavi Domènech, será una prueba importante para medir hasta qué punto este acercamiento puede traducirse en algo más que gestos simbólicos.
Mientras tanto, otras figuras relevantes del espacio progresista han optado por desmarcarse de los intentos de reconfiguración impulsados por Sumar e IU. El ministro Pablo Bustinduy, el líder sindical Unai Sordo y la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau han rechazado liderar ese movimiento que sigue sin un líder con el tirón que se le presume a Rufián o a la propia Irene Montero.
