Open Arms y Pablo Iglesias unen fuerzas para devolver la luz a Cuba

El deterioro acelerado de la situación en Cuba por el bloqueo impuesto por los Estados Unidos ha activado una respuesta internacional que combina acción humanitaria, presión política y simbolismo.

En ese contexto, la ONG Open Arms, el exvicepresidente Pablo Iglesias y la Internacional Progresista han convergido en una serie de iniciativas que buscan aliviar la crisis energética y social de la isla, al tiempo que denuncian el endurecimiento del bloqueo estadounidense.

El proyecto más inmediato es la puesta en marcha de una flotilla, ‘Rumbo a Cuba’, impulsada por Open Arms, que pretende llevar energía fotovoltaica a hospitales de La Habana. La iniciativa nace en un momento crítico: la escasez de combustible ha provocado apagones recurrentes que afectan a servicios esenciales, especialmente a los centros sanitarios.

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El objetivo es garantizar el suministro eléctrico básico en infraestructuras clave, como hospitales pediátricos, donde la falta de energía compromete directamente la vida de los pacientes. La organización fundada por Óscar Camps, conocida por su labor en el Mediterráneo desde 2015, da así un paso más en su evolución como actor humanitario global.

Tras intervenir en escenarios como la crisis migratoria en Grecia o la apertura de corredores en Gaza en 2024, Open Arms traslada ahora su experiencia logística a una crisis menos visible, pero igualmente profunda.

El plan incluye zarpar desde Barcelona, hacer escala en varias ciudades españolas para recaudar fondos y cruzar el Atlántico con material destinado, en su mayoría, a instalaciones de energía solar.

Frente a un asfixiante bloqueo del Gobierno de Donald Trump que limita el acceso a combustibles fósiles, la energía fotovoltaica se presenta como una solución viable y relativamente autónoma. El propio Camps ha insistido en que el objetivo no es solo simbólico, sino tangible: mantener operativas incubadoras, equipos médicos y servicios básicos.

La iniciativa se financiará principalmente mediante crowdfunding, con la mayor parte de los recursos destinados directamente a la compra e instalación de placas solares.

LA FLOTILLA

En paralelo a esta operación humanitaria, se está gestando otra iniciativa de mayor alcance político: la Flotilla Nuestra América. En ella participarán figuras como Pablo Iglesias, el exlíder laborista británico Jeremy Corbyn y el diputado de Sumar Gerardo Pisarello.

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Flotilla Moncloa
Reciente llegada de ayuda humanitaria a Cuba. Foto: Redes sociales.

La expedición, respaldada por la Internacional Progresista, aspira a llevar unas 20 toneladas de suministros esenciales a la isla. Según los organizadores, la flotilla responde a «una situación que se deteriora rápidamente» y que afecta al funcionamiento de hospitales, transporte y vida cotidiana. En los últimos meses, la crisis se ha intensificado tras nuevas restricciones energéticas que han reducido drásticamente el suministro de combustible.

El impacto es visible: apagones prolongados, limitaciones en la movilidad y un deterioro generalizado de los servicios públicos. La flotilla no es solo un convoy de ayuda. Sus impulsores la presentan como una acción política y simbólica contra lo que consideran un «castigo colectivo».

En ese sentido, establecen paralelismos con otras iniciativas similares, como las flotillas enviadas a Gaza, que lograron atraer la atención internacional sobre situaciones de bloqueo prolongado. La intención es doble: aliviar necesidades urgentes y, al mismo tiempo, generar presión mediática y diplomática.

El componente internacional es clave. Junto a Iglesias y Corbyn, participarán figuras como la dirigente colombiana Clara López o el activista estadounidense Hasan Piker, además de sindicalistas y representantes de movimientos sociales de Europa y América Latina.

Ambas iniciativas —la misión energética de Open Arms y la flotilla impulsada por la Internacional Progresista— comparten diagnóstico: la crisis cubana no puede entenderse sin el impacto del bloqueo.

Durante más de seis décadas, las restricciones económicas han condicionado el desarrollo de la isla, pero el endurecimiento reciente ha agravado una situación ya delicada. La escasez de alimentos, medicinas y combustible ha tensionado al límite la vida cotidiana de la población.

Open Arms ha optado por centrarse en el impacto directo sobre la población civil. Su planteamiento es similar al que ha aplicado en otros escenarios: actuar donde las necesidades son más urgentes, independientemente del contexto político. La prioridad, en este caso, son los colectivos más vulnerables, especialmente niños y personas mayores, en un país donde el envejecimiento demográfico añade presión al sistema sanitario.

EL FUTURO DE CUBA

La Flotilla Nuestra América, por su parte, asume de forma más explícita el componente político. Sus promotores defienden el derecho de Cuba a decidir su futuro sin injerencias externas y denuncian la estrategia de asfixia económica impuesta por el Gobierno de Donald Trump. Al mismo tiempo, subrayan que la misión se desarrollará dentro del marco del derecho internacional y con un carácter pacífico.

La convergencia de ambas iniciativas refleja una tendencia más amplia: la articulación de redes transnacionales de solidaridad que combinan activismo, acción humanitaria y presión política. En un mundo cada vez más fragmentado, estas coaliciones humanitarias buscan amplificar su impacto mediante la visibilidad mediática y la movilización social.