El miedo está mucho más presente en el día a día de lo que parece, colándose en una película, en un susto inesperado o incluso en pensamientos que aparecen sin avisar y se quedan más tiempo del que deberían. Aunque muchas veces lo tomamos como algo pasajero, el miedo tiene la capacidad de activar en el cuerpo una serie de reacciones muy reales, como si estuviéramos frente a un peligro inmediato, incluso cuando no lo estamos.
El miedo, en el fondo, es un mecanismo de supervivencia que nos ha acompañado desde siempre, gracias a él nuestros antepasados lograron reaccionar rápido ante amenazas reales. El problema es que hoy ese mismo sistema sigue funcionando igual, aunque las amenazas hayan cambiado, y ahí es donde puede empezar a jugar en contra si se activa con demasiada frecuencia o en situaciones que no lo requieren.
2El cerebro no distingue tan bien como creemos
Uno de los puntos más llamativos del miedo es que el cerebro no siempre distingue entre una amenaza real y una imaginaria. Por eso un susto en una casa del terror o una escena intensa en una película puede provocar prácticamente la misma reacción que una situación peligrosa, al menos en un primer momento.
Después de ese impulso inicial, entra en juego una parte más racional del cerebro que analiza lo que está pasando y trata de poner contexto, pero no siempre lo hace de forma inmediata. Cuando algo nos resulta muy creíble o no tenemos experiencias previas que nos ayuden a interpretarlo, el cuerpo puede quedarse más tiempo en ese estado de alerta, aunque en realidad no haya ningún riesgo.

