Se ha vuelto a hablar mucho del dengue, y no es para menos, porque no se trata solamente de que siga presente en muchos países, sino que ahora plantea un desafío nuevo que preocupa a los expertos. Durante años se ha insistido en controlar al mosquito que lo transmite, pero lo que parecía una estrategia eficaz empieza a mostrar grietas que no se pueden ignorar.
El dengue, que se transmite principalmente por el mosquito Aedes aegypti, ha sido combatido con insecticidas y campañas de prevención bastante claras, desde evitar el agua estancada hasta usar repelente. Sin embargo, lo que está saliendo a la luz en estudios recientes cambia un poco el panorama, porque el enemigo no se ha quedado quieto y parece estar adaptándose más rápido de lo que se pensaba.
1Un mosquito que ya no responde igual
El dengue depende en gran parte del control del mosquito, y durante mucho tiempo los insecticidas, especialmente los del grupo de los piretroides, han sido una herramienta clave. El problema es que su uso constante ha terminado pasando factura, porque el mosquito ha empezado a desarrollar resistencia, algo que ya se está observando con bastante claridad en distintos estudios.
En investigaciones recientes realizadas en Argentina, los científicos encontraron que estos mosquitos pueden sobrevivir incluso a dosis mucho más altas de lo habitual, lo que deja claro que ya no reaccionan igual. No se trata de un caso aislado, sino de una señal de que el dengue podría volverse más difícil de controlar si se siguen utilizando las mismas estrategias de siempre.
