El Ministerio de Defensa, que dirige Margarita Robles, ha intensificado en los últimos meses una ofensiva estratégica para revertir una de las tendencias más preocupantes en el seno de las Fuerzas Armadas: la pérdida neta de efectivos y el envejecimiento de sus estructuras. Con el objetivo de alcanzar los 120.000 militares de tropa y marinería, el Gobierno ha puesto en marcha un ambicioso plan que combina la modernización de los procesos de captación femenina con soluciones de urgencia para cubrir vacantes críticas.
La realidad de los cuarteles españoles, marcada por una brecha demográfica que amenaza la operatividad, obliga hoy a mirar tanto hacia el futuro de la igualdad como hacia la experiencia de quienes ya han cumplido su compromiso inicial. El calificar la profesión de militar como de riesgo también pretende sumar para la causa militar y ser un estimulante para el crecimiento de la gente que quiera dedicarse a la profesión de las armas.

UN NUEVO ESCENARIO PARA LA MUJER MILITAR
La integración de la mujer en el Ejército no es solo una cuestión de justicia social, sino una necesidad imperativa de seguridad nacional. Actualmente, la representación femenina en las Fuerzas Armadas españolas ronda el 13%, una cifra que, aunque supera la media de muchos países de la OTAN, se considera insuficiente para garantizar la sostenibilidad del modelo a largo plazo. Para romper este techo de cristal, el Ejecutivo ha diseñado un conjunto de medidas que van más allá de la simple reserva de plazas. El foco se ha desplazado hacia la conciliación real y la eliminación de barreras invisibles en la promoción interna.
Se han implementado protocolos de flexibilidad horaria y apoyo a la maternidad que buscan evitar que el ingreso en el Ejército suponga una renuncia a la vida familiar. Además, se están adaptando las infraestructuras en bases y acuartelamientos para garantizar condiciones de habitabilidad dignas y específicas. La estrategia actual también incluye campañas de comunicación dirigidas a niñas y adolescentes, tratando de combatir los estereotipos que históricamente han alejado a las mujeres de las carreras técnicas y operativas dentro del ámbito militar. No se trata solo de que entren más mujeres, sino de que encuentren en la milicia un entorno profesional donde el desarrollo de su carrera no se vea truncado por sesgos de género o dificultades logísticas.

LA REPESCA DE MILITARES DE COMPLEMENTO
Mientras se siembra para el futuro, el presente exige soluciones inmediatas. Una de las propuestas, realizada por el PP, que ha cobrado mayor fuerza en el debate parlamentario es la recuperación de los militares de complemento que se encuentran en la reserva de especial disponibilidad. Estos profesionales, que en su día abandonaron el servicio activo al cumplir los 45 años o al finalizar sus contratos temporales, representan un capital humano altamente cualificado que el sistema no puede permitirse el lujo de desperdiciar. La iniciativa busca permitir su reincorporación voluntaria para cubrir puestos estructurales y de mando intermedio, especialmente en áreas donde la carencia de personal es más acuciante.
Esta medida no solo responde a la falta de brazos, sino también a la necesidad de mantener la transmisión del conocimiento. Al reincorporar a oficiales y suboficiales de complemento, se dota a las unidades de una veteranía que los nuevos reclutas aún no poseen. El plan contempla mejoras retributivas y la posibilidad de que estos militares puedan estabilizar su situación laboral, equiparándola en ciertos aspectos a la del personal de carrera. Se busca, en definitiva, convertir lo que era una salida forzosa por edad en una segunda oportunidad profesional que refuerce la estructura de defensa del país sin necesidad de iniciar largos y costosos procesos de formación desde cero.
ESTABILIDAD Y RETENCIÓN DEL TALENTO
El éxito de estas reformas dependerá, en última instancia, de la capacidad del Ministerio para convertir el Ejército en un destino laboral atractivo frente a la competencia del sector privado. La falta de soldados no es un fenómeno aislado de España, pero aquí se ve agravada por una pirámide poblacional invertida y un mercado de trabajo que ofrece alternativas menos sacrificadas. Por ello, la apuesta por la estabilidad se ha convertido en el eje vertebrador de la política de personal. El Gobierno entiende que no basta con abrir las puertas; hay que asegurar que quienes deciden servir tengan un horizonte claro de permanencia y progreso.
La integración de los militares jubilados de complemento y el aumento del contingente femenino son dos caras de la misma moneda: la búsqueda de un Ejército más flexible, inclusivo y resiliente. Al permitir que el personal veterano regrese y que las mujeres ocupen un espacio central en todas las escalas, las Fuerzas Armadas aspiran a reflejar mejor la sociedad a la que sirven. El desafío es mayúsculo, pues implica cambiar inercias de décadas en un tiempo récord, pero la seguridad del país y la operatividad de sus misiones internacionales dependen de que estas medidas dejen de ser proyectos sobre el papel para convertirse en realidades tangibles en los patios de armas.

PROFESIÓN DE RIESGO
Sin embargo, la hoja de ruta del Ministerio de Defensa no está exenta de críticas por parte de las asociaciones profesionales, que alertan sobre la fragmentación y el retraso en la aplicación de mejoras laborales fundamentales. Según denuncia ASFASPRO, el reciente anuncio del inicio del procedimiento para reconocer la condición de profesión de riesgo se limita únicamente a los militares integrados en el Régimen General de la Seguridad Social, es decir, aquellos que ingresaron a partir de 2011. Esta medida deja fuera a la otra mitad de las Fuerzas Armadas pertenecientes al régimen de Clases Pasivas, creando una brecha en la protección y en las futuras pensiones que la asociación considera insuficiente y tardía, al proyectar su efectividad real a 30 años vista.
Para corregir esta desigualdad, los representantes de los suboficiales proponen que el reconocimiento como profesión de riesgo sea universal para todos los miembros de los ejércitos, sugiriendo cambios en la Ley General de la Seguridad Social que permitan el trasvase de un régimen a otro. Mientras estas modificaciones legales no se produzcan, se reclaman medidas compensatorias urgentes para el personal veterano, tales como la revisión al alza de los haberes reguladores, el ascenso al pasar a la reserva y la posibilidad del pase voluntario a la reserva a los 58 años de edad. Estas reivindicaciones subrayan que la modernización del Ejército no solo depende de la captación de nuevo talento, sino de garantizar condiciones dignas y equitativas para quienes ya sostienen la estructura operativa.
