El Congreso de los Diputados ha sido testigo de uno de los enfrentamientos más agrios y determinantes de la legislatura. Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, ha decidido romper definitivamente con la narrativa gubernamental, confrontando directamente la figura de Pedro Sánchez bajo una acusación que suena soez: la de ser un “pacifista de pacotilla”. En una intervención cargada de dureza dialéctica, el presidente del Partido Popular ha retratado a un jefe del Ejecutivo que, a su juicio, utiliza la paz como un eslogan publicitario mientras su gestión internacional y doméstica se desmorona entre la irrelevancia exterior y el caos de las infraestructuras internas.
Feijóo ha sido implacable y duro al analizar la política de alianzas del Gobierno. Para el líder popular, resulta revelador que el supuesto pacifismo de Sánchez sea aplaudido por los actores más disruptivos del tablero global. Con una ironía cortante, ha recordado que el presidente cuenta con las felicitaciones del régimen iraní, Hamás, los talibanes y los hutíes, llegando a mencionar la humillante imagen de la foto del presidente español estampada en misiles extranjeros. Esta deriva, según el PP, sitúa a España en un lugar peligroso y alejado de sus aliados tradicionales.
EL CONFLICTO PERPETUO COMO ESTRATEGIA DE PODER
La crítica de Feijóo no se ha limitado a la foto fija del momento, sino que ha diseccionado una trayectoria de confrontación sistemática. Ha acusado a Sánchez de ser “radicalmente conflictivo” con prácticamente todos los bloques geográficos y estratégicos: desde la Unión Europea y la OTAN hasta el Magreb, pasando por América del Norte y del Sur. Esta actitud, sostiene el dirigente gallego, es una huida hacia adelante para no afrontar la realidad nacional. “Por eso ha decidido entregarse a las causas universales. Pero es que ¡también está en conflicto con la paz!, porque no ha hecho otra cosa que enfrentar a los españoles”, ha sentenciado con rotundidad desde la tribuna.

El líder del PP considera bochornoso que el Palacio de la Moncloa pretenda utilizar el convulso contexto internacional como una coartada para la parálisis legislativa. Especialmente sangrante resulta para la oposición la ausencia de unos Presupuestos Generales del Estado. Feijóo ha denunciado el cinismo de culpar a conflictos recientes de una carencia que arrastra años de dejadez. “Ha dicho que no puede aprobar presupuestos… ¡por la guerra! Tres años sin ellos y se escuda en un conflicto de ¡hace tres semanas!”, ha exclamado, subrayando la falta de coherencia de un Gobierno que se declara bloqueado mientras países en situaciones críticas demuestran mayor capacidad de gestión.
La comparación con el escenario bélico europeo ha sido el dardo más afilado de la jornada. Feijóo ha puesto el espejo de la eficiencia ante el banco azul del Gobierno: “Hasta Ucrania, que lleva años en guerra, ha aprobado sus presupuestos en 2023, 2024, 2025 y 2026. ¿Y España, en paz, no puede? Oiga, estoy deseando que nos explique qué urgencia tiene usted que no tenga el presidente Zelenski”. Esta reflexión deja al descubierto, según los populares, que la verdadera razón de la prórroga presupuestaria no es la inestabilidad mundial, sino la debilidad parlamentaria de un Ejecutivo incapaz de amarrar los apoyos de sus propios socios sin someterse a chantajes constantes.
LA MANIOBRA DEL TRILERO ANTE EL PARLAMENTO
Para el presidente del Partido Popular, lo que se está viviendo es una “tomadura de pelo” a la soberanía nacional. Ha denunciado el intento de Sánchez de modificar los presupuestos prorrogados mediante decretos, ampliando créditos sin límite y esquivando el control de las Cortes. “¿Nuevos Presupuestos no, pero cambiar los prorrogados sí? ¡Qué cinismo! No tiene derecho a saltarse el debate parlamentario. No es un dictador… ¿o sí?”, ha interpelado directamente al presidente, sugiriendo un preocupante “tic dictatorial” en la forma de gobernar por real decreto.
La ausencia de cuentas públicas no es, para el PP, una cuestión técnica, sino una estrategia de supervivencia política. Feijóo sostiene que Sánchez prefiere no presentar el proyecto presupuestario antes de que trascienda su absoluta falta de apoyos. En un giro directo hacia la bancada ministerial, ha espetado: “Claro, antes de que trascienda su debilidad, mejor mandar a los suyos a perder por usted, ¿verdad? ¿Verdad que sí, señora Montero?”. Para el líder de la oposición, la conclusión es clara y dolorosa para el país: “Lo que le sobra a España en tiempos de guerra no es tener presupuestos. Es estar en manos de un trilero”.
MILITARISMO OCULTO Y CONTRADICCIONES DE ESTADO
Feijóo indica que la gestión de Sánchez también ha puesto el foco en la supuesta coherencia ideológica de la izquierda. El líder popular ha ironizado sobre el perfil pacifista de un presidente que encabeza el Gobierno con el mayor gasto militar de la historia de España. Ha recordado que, bajo su mandato, se ha triplicado la compra de armamento a los Estados Unidos y se mantienen contratos en vigor con Israel a pesar del discurso público de embargo. Esta dualidad es lo que Feijóo define como una política de fachada que oculta una realidad de rearme no consultada con la cámara.
El reproche se ha extendido a la falta de transparencia en misiones internacionales y movimientos de tropas. Feijóo ha afeado que no se haya votado en el Congreso un Plan de Rearme que compromete miles de millones de euros, ni el envío de militares a zonas de conflicto. Ha mencionado específicamente el despliegue de nuestra mejor fragata militar en Chipre, cargada de torpedos y con 210 marinos a bordo, a quienes ha enviado su reconocimiento frente al silencio gubernamental. “Su verdadero lema no es NO a la guerra. Es NO al Congreso”, ha resumido el líder del PP, acusando al presidente de hurtar el debate democrático sobre la defensa nacional.

INCOMPETENCIA GESTORA Y EL ABANDONO SOCIAL
Más allá de la geopolítica, el debate ha descendido al terreno de la economía doméstica y la eficacia de la administración. Feijóo ha denunciado que, a pesar de que el Estado recauda más que nunca —con un incremento de 179.000 millones de euros en los últimos ocho años—, los servicios públicos se deterioran y las infraestructuras colapsan. Con un tono mordaz, ha sugerido a Sánchez que nombre a Óscar Puente como vicepresidente y ministro de Hacienda “si quiere igualar la incompetencia de Montero”, vinculando directamente el caos ferroviario con la desastrosa gestión económica.
La crítica social ha sido especialmente dura al hablar de los colectivos más vulnerables y de la clase media. Feijóo ha lamentado que los transportistas, agricultores y marineros hayan tenido que afrontar solos la subida de precios durante semanas mientras el Gobierno se dedicaba a la cosmética política. Ha exigido medidas concretas: actualizar la tarifa del IRPF para ajustarla a la inflación, incrementar las deducciones por hijo y eximir del pago del IVA a los autónomos que facturan menos de 85.000 euros. “Para comprar apoyos que le mantengan en esa silla, siempre va a toda velocidad. Pero para ayudar a los trabajadores, nunca tiene prisa”, ha zanjado con amargura.
UN PRESIDENTE ENTRE LA IRRELEVANCIA Y LA TRAICIÓN
En el tramo final de su réplica, Feijóo ha elevado el tono para calificar la posición de España en el mundo como la de una “comparsa”. Ha revelado que el prestigio del presidente está tan dañado que incluso homólogos europeos se refieren a él en privado como “el traidor de Europa”. Para el líder del PP, el peligro no es solo la irrelevancia, sino la asociación de España con regímenes cuestionables: “Usted está mezclando el buen nombre de España con la peor calaña del mundo”.
La mofa ha llegado al terreno de la capacidad operativa. Feijóo se ha burlado de que Sánchez pretenda dar lecciones de alta diplomacia cuando es incapaz de gestionar el día a día de los españoles. “No es capaz de reabrir la línea del AVE Madrid-Málaga, pero sabe cómo hay que reabrir el estrecho de Ormuz”, ha ironizado, provocando el aplauso de sus filas. El mensaje final ha sido una invitación directa a las urnas y un aviso sobre la catadura moral de los pactos de Gobierno, recordando las recientes excarcelaciones de dirigentes etarras. Para el PP, España no quiere guerra, pero lo que ya no soporta es la figura de un presidente que, en palabras de Feijóo, debe empezar por “cumplir el derecho nacional” antes de pretender legislar sobre el orden mundial.
