La OTAN considera a España como «un aliado fiable pero cauteloso»

Rutte elogia la operatividad de las tropas españolas desplegadas en el flanco este y Turquía.

El informe anual de la OTAN, presentado por el secretario general Mark Rutte en Bruselas, marca un punto de inflexión histórico para la Alianza Atlántica y, de manera muy particular, para España. Tras una década de presiones diplomáticas y ajustes presupuestarios, el documento confirma que todos los países miembros, incluido el Estado español, han alcanzado por primera vez el objetivo de destinar el 2% de su Producto Interior Bruto (PIB) a defensa. Este hito, que parecía una quimera cuando se fijó en la cumbre de Gales de 2014, llega en un contexto de máxima volatilidad geopolítica y una reconfiguración de las prioridades de seguridad en el continente europeo.

El documento estadístico revela que España cerró el ejercicio 2025 con una inversión en defensa del 2,1% de su PIB, lo que supone un desembolso aproximado de 33.589 millones de euros. Este dato no es baladí, ya que representa un incremento real del 117% en la última década, situando a Madrid como uno de los aliados que más ha acelerado su gasto militar en términos relativos, superando incluso el ritmo de crecimiento de potencias como Estados Unidos. El informe subraya que este esfuerzo ha permitido a España salir del furgón de cola de los contribuyentes financieros, un lugar que ocupó durante años y que generó no pocas tensiones con Washington.

Sin embargo, alcanzar esta cifra no ha sido el final del camino, sino el inicio de una nueva fase de exigencias. Durante la pasada cumbre de La Haya en 2025, la Alianza elevó el listón bajo la influencia de la administración estadounidense, estableciendo un nuevo horizonte de inversión mucho más ambicioso. El informe actual refleja una división interna palpable: mientras países como Polonia, Letonia y Lituania ya destinan más del 3,5% de su riqueza nacional a las fuerzas armadas, otros estados, entre ellos España, se muestran reticentes a suscribir el nuevo objetivo del 5% global, que desglosa un 3,5% estrictamente militar y un 1,5% en seguridad integral.

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Soldados del ejército español durante el acto de despedida de los seis Eurofighter del Ala 14 rumbo a la base aérea de Mihail Kogalniceanu de Constanza (Fuente: agencias)
oldados del ejército español durante el acto de despedida de los seis Eurofighter del Ala 14 rumbo a la base aérea de Mihail Kogalniceanu de Constanza (Fuente: agencias)

EL VALOR ESTRATÉGICO DE LAS MISIONES EXTERIORES

Más allá de las frías cifras presupuestarias, la OTAN elogia en su informe la «calidad» de la contribución española. Mark Rutte ha destacado que España está «desplegada por toda la Alianza», resaltando que la relevancia de un país no debe medirse únicamente por su billetera, sino por su operatividad real sobre el terreno. El documento detalla la presencia de tropas españolas en el flanco este, especialmente en Eslovaquia y Rumanía, así como el papel crítico de la batería de misiles Patriot en Turquía, que sigue siendo una pieza clave para la defensa del espacio aéreo aliado en una zona de alta sensibilidad.

El informe también pone el foco en la capacidad tecnológica y naval de España. La participación en misiones de vigilancia marítima y el liderazgo en grupos navales permanentes son aspectos donde Madrid sobresale respecto a otros aliados que, aunque cumplen con el 2%, carecen de la proyección de fuerza que ofrece la Armada Española. Esta «presencia global» es la principal baza diplomática que el Gobierno ha esgrimido para contrarrestar las críticas sobre el gasto, argumentando que el compromiso se demuestra con soldados y tecnología en zonas de conflicto, y no solo con apuntes contables.

MODERNIZACIÓN INDUSTRIAL Y EL REARME EUROPEO

Una de las secciones más detalladas del informe anual se dedica a la inversión en equipos y capacidades de nueva generación. En este apartado, España destaca por destinar el 44% de su presupuesto de defensa a la adquisición de armamento y programas de modernización, superando ampliamente el mínimo del 20% recomendado por la OTAN. Esta inversión se ha materializado en proyectos de gran calado como la construcción de las fragatas F-110, el desarrollo del vehículo de combate sobre ruedas VCR 8×8 «Dragon» y la evolución del programa del submarino S-80, que posicionan a la industria de defensa nacional como un motor económico relevante.

El informe señala que este gasto no solo refuerza la seguridad colectiva, sino que también contribuye a la autonomía estratégica de Europa. No obstante, la auditoría de la OTAN advierte que una parte significativa del presupuesto español, aproximadamente el 38%, sigue absorbiéndose en gastos de personal, una estructura que Bruselas recomienda vigilar para no comprometer la operatividad a largo plazo. La apuesta española por la innovación se refleja también en su participación activa en el acelerador DIANA de la OTAN, buscando soluciones tecnológicas en ámbitos como la resiliencia espacial y la biotecnología aplicada a la defensa.

La fragata Cristobal Colón. Por Diego Quevedo Carmona - http://www.losbarcosdeeugenio.com/barcos/es/es/ae_F105.html, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=52346935
La fragata Cristóbal Colón. Por Diego Quevedo Carmona

UN FUTURO DE TENSIONES Y COMPROMISOS

A pesar del tono celebratorio por haber alcanzado los objetivos de 2014, el informe proyecta una sombra de incertidumbre sobre los próximos años. La negativa de Madrid a comprometerse con el objetivo del 5% para 2035 ha generado fricciones que el propio Rutte ha intentado suavizar en la presentación, aunque sin ocultar que la próxima cumbre de Ankara será el escenario de una negociación compleja. España defiende una visión de seguridad que incluye la estabilidad del flanco sur y la inversión en servicios sociales, evitando una militarización excesiva que pueda desequilibrar sus cuentas públicas o su modelo de bienestar.

El horizonte que dibuja el informe anual de la OTAN para España es el de un aliado «fiable pero cauteloso«. La Alianza reconoce que Madrid ha cumplido su palabra, pero advierte que el entorno de amenazas actuales —que incluye desde la guerra híbrida hasta la inestabilidad en el Sahel— exigirá un flujo constante y creciente de recursos. En este nuevo orden mundial, España ya no es el país que se esconde tras el gasto de los demás, sino un actor protagonista que debe decidir hasta dónde está dispuesto a llegar en su compromiso con la defensa colectiva frente a las crecientes presiones externas y las necesidades internas de su sociedad.

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