Expertos de Estados Unidos sugieren repetir la Marcha Verde para anexionar Ceuta y Melilla

El ala radical del Partido Republicano impulsa informes que cuestionan la soberanía española para fortalecer la alianza estratégica con Rabat.

El tablero geopolítico del norte de África siempre influye en el devenir de la sociedad española. Tras los acontecimientos de Oriente Medio está experimentando una mutación silenciosa pero profunda en los despachos de Washington. La histórica disputa entre España y Marruecos por la soberanía de Ceuta y Melilla ha saltado de las fronteras del Mediterráneo para instalarse en las agendas de los principales laboratorios de ideas conservadores de Estados Unidos, donde una corriente de opinión cada vez más ruidosa comienza a cuestionar la integridad territorial española en favor de su aliado magrebí, tras el no apoyo del Gobierno de España a los bombardeos y acciones militares contra Irán.

Esta tendencia no es producto del azar, sino la culminación de un proceso de seducción estratégica que Marruecos ha cultivado con éxito en los círculos cercanos al ala dura del Partido Republicano de Donald Trump. En un contexto marcado por la inestabilidad global, la narrativa que emana de instituciones como el American Enterprise Institute (AEI) o el Middle East Forum sugiere que la Casa Blanca debería dar un paso más allá de su apoyo al plan de autonomía para el Sáhara Occidental y aplicar una lógica similar a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

Marruecos sigue sin autorizar la apertura de las aduanas de Ceuta y Melilla
Marruecos sigue sin autorizar la apertura de las aduanas de Ceuta y Melilla

EL GIRO ESTRATÉGICO DE WASHINGTON

La figura central de este movimiento es Michael Rubin, analista del AEI, quien ha liderado la carga dialéctica instando a una administración estadounidense bajo la influencia de Donald Trump a «corregir un error histórico«. Según esta visión, el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre las ciudades españolas es el siguiente paso lógico tras la ruptura del statu quo sobre el Sáhara Occidental.

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Los analistas de esta corriente sostienen que la relación con el reino alauí es hoy más vital para los intereses nacionales de Estados Unidos que el mantenimiento de una solidaridad automática con un aliado europeo que, a menudo, perciben como titubeante en sus compromisos de defensa.

Para estos círculos de pensamiento, Marruecos se ha consolidado como un «aliado importante no perteneciente a la OTAN» que ofrece una estabilidad y una cooperación en seguridad que consideran superior a la gestión fronteriza europea. Argumentan que el apoyo incondicional a Rabat en todas sus pretensiones territoriales blindaría el flanco sur de la Alianza frente a la influencia rusa y china en África, convirtiendo al reino en el gendarme definitivo del Estrecho de Gibraltar. En este esquema, la soberanía española sobre los enclaves es vista como una anomalía que entorpece la consolidación de un socio regional fuerte.

LA RETÓRICA DEL ANTICOLONIALISMO SELECTIVO

Resulta llamativo el uso de un lenguaje tradicionalmente ajeno a la derecha estadounidense para justificar estas posturas. Diversos informes publicados recientemente describen a Ceuta y Melilla como «enclaves coloniales» o «puntos de apoyo ilegítimos» en suelo africano. Esta narrativa busca despojar a las ciudades autónomas de su estatus constitucional como parte integrante de la nación española para presentarlas como vestigios de un pasado imperial que Madrid debería abandonar voluntariamente.

Al calificar la presencia española como una «herencia colonial», estos think tanks intentan alinear la política exterior de EE. UU. con un sentimiento de descolonización africana, ignorando siglos de historia compartida y la voluntad democrática de los ciudadanos de ambos territorios.

Este discurso no solo ataca la legitimidad histórica, sino que también señala a las ciudades como debilidades estructurales para la seguridad del continente. Se argumenta que Ceuta y Melilla son focos constantes de tensión migratoria y aduanera que solo sirven para generar fricciones fronterizas innecesarias. La tesis que manejan estos analistas es que la entrega de los territorios a Marruecos eliminaría de golpe estas crisis recurrentes, asumiendo que el control absoluto de Rabat sobre la frontera simplificaría la gestión de los flujos de personas hacia Europa. Es un pragmatismo frío que prioriza la resolución del conflicto a través de la concesión territorial.

EL SÁHARA COMO PRECEDENTE PELIGROSO

No se puede entender esta presión sobre Ceuta y Melilla sin mirar hacia el sur, hacia las arenas del Sáhara Occidental. El giro histórico que España protagonizó en 2022, al respaldar el plan de autonomía marroquí, es interpretado en Washington no como el fin de una crisis, sino como el inicio de una nueva fase de expansión diplomática de Rabat. Los think tanks neoconservadores utilizan este precedente para demostrar que la postura de Madrid es maleable bajo la presión adecuada. Si España aceptó cambiar su política de décadas respecto al Sáhara, razonan, también podría verse obligada a negociar el estatus de sus plazas africanas si Estados Unidos retira su respaldo explícito.

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La sombra de la «Marcha Verde» vuelve a planear sobre el debate. Algunos analistas han llegado a sugerir que Marruecos debería emular aquella movilización civil de 1975 para entrar en Ceuta y Melilla. La teoría que circula en ciertos foros de Washington es que una entrada masiva de civiles marroquíes para arriar la bandera española no constituiría una agresión militar formal, lo que dejaría a España en una posición jurídicamente ambigua frente a la OTAN. Según esta peligrosa lógica, el Artículo 5 del tratado no se activaría ante una «invasión civil», dejando a Madrid aislada diplomáticamente mientras Marruecos consolida hechos consumados en el terreno.

Blindado vigilando la frontera de Melilla (Fuente: agencias)
Blindado vigilando la frontera de Melilla (Fuente: agencias)

HACIA UNA NUEVA ARQUITECTURA REGIONAL

A medida que avanza el año 2026, la preocupación en los círculos diplomáticos españoles es evidente, aunque oficialmente se mantenga la calma. La creciente influencia de Marruecos en los centros de poder estadounidenses ha logrado que la soberanía española deje de ser un tema tabú para convertirse en una moneda de cambio dentro de una visión geopolítica más amplia. Para los sectores más duros del republicanismo estadounidense, el futuro del Mediterráneo occidental pasa por un eje Washington-Rabat que no admite fisuras ni excepciones territoriales, incluso si esto implica socavar los intereses de un socio histórico como España.

Este cambio de foco refleja una realidad incómoda: para una parte de la élite intelectual y política de Estados Unidos, Marruecos ya no es solo un socio, sino la pieza central de su estrategia en África. Mientras Madrid insiste en la legalidad internacional y en la integridad de sus fronteras, en Washington se imponen criterios de realpolitik que ven en la entrega de Ceuta y Melilla el precio necesario para asegurar una alianza inquebrantable con el reino alauí. El debate ha dejado de ser una cuestión de derechos históricos para convertirse en un pulso por la relevancia estratégica en el nuevo orden mundial.

RESPUESTA ESPAÑOLA

La respuesta del Palacio de la Moncloa y del Ministerio de Asuntos Exteriores en este inicio de 2026 ha sido de una firmeza inusual, buscando cortar de raíz lo que califican como una «campaña de intoxicación geoestratégica». El Gobierno de España ha activado una ofensiva diplomática discreta pero contundente en Washington para contrarrestar la narrativa de los sectores neoconservadores, recordando que la soberanía sobre Ceuta y Melilla no es un tema de debate, sino una realidad constitucional e histórica incuestionable.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se ha subrayado que Ceuta y Melilla son frontera sur de la Unión Europea y territorio de la OTAN, independientemente de las interpretaciones creativas que algunos analistas hagan del Tratado del Atlántico Norte. La diplomacia española ha intensificado sus contactos con el Departamento de Estado para asegurar que las opiniones de figuras como Michael Rubin se mantengan en el ámbito académico y no permeen en la política oficial de la Casa Blanca. España sostiene que cualquier cuestionamiento de su integridad territorial es una «línea roja» que afectaría gravemente a la cooperación en inteligencia y defensa con Estados Unidos.