Últimamente se ha hablado mucho de rucking y cada vez es más común ver a gente caminando con mochila y paso firme, como si hubiera redescubierto algo que siempre estuvo ahí. El rucking no tiene la estética del gimnasio ni la intensidad aparente de otros entrenamientos, pero precisamente en esa sencillez está su atractivo, porque convierte algo tan cotidiano como caminar en un ejercicio completo.
Lo curioso es que el rucking no es ninguna novedad, aunque ahora suene moderno, pues en realidad viene del ámbito militar, de esas marchas largas con peso a la espalda que buscaban preparar tanto el cuerpo como la mente. Hoy, lejos de ese contexto, es un deporte que se adapta a la vida diaria y se presenta como una alternativa accesible para quienes quieren moverse más sin complicarse demasiado.
1De entrenamiento militar a tendencia global
El rucking tiene raíces bastante antiguas, aunque su salto al mundo civil es relativamente reciente. Durante siglos, los soldados han utilizado este tipo de marchas para mejorar su resistencia, y no fue hasta principios de los 2000 cuando empezó a verse como una opción de fitness fuera del entorno militar, y desde entonces, el interés no ha dejado de crecer.
En parte, el auge del deporte tiene que ver con un cambio en la forma de entender el ejercicio. Ya no todo pasa por máquinas o rutinas cerradas, hay una búsqueda de actividades más naturales, más fáciles de integrar en el día a día. El rucking encaja perfectamente ahí, porque no exige grandes inversiones ni conocimientos previos, solo ganas de moverse y una mochila.
