Últimamente se ha hablado mucho de rucking y cada vez es más común ver a gente caminando con mochila y paso firme, como si hubiera redescubierto algo que siempre estuvo ahí. El rucking no tiene la estética del gimnasio ni la intensidad aparente de otros entrenamientos, pero precisamente en esa sencillez está su atractivo, porque convierte algo tan cotidiano como caminar en un ejercicio completo.
Lo curioso es que el rucking no es ninguna novedad, aunque ahora suene moderno, pues en realidad viene del ámbito militar, de esas marchas largas con peso a la espalda que buscaban preparar tanto el cuerpo como la mente. Hoy, lejos de ese contexto, es un deporte que se adapta a la vida diaria y se presenta como una alternativa accesible para quienes quieren moverse más sin complicarse demasiado.
2Un ejercicio simple, pero muy completo
Una de las razones por las que el rucking está ganando tantos adeptos es que trabaja más de lo que parece. A simple vista es caminar, sí, pero al añadir peso el cuerpo entra en otro tipo de esfuerzo, activando músculos que normalmente no se utilizan tanto en una caminata normal, por lo que poco a poco se mejora la resistencia, la fuerza y hasta la postura.
Además, el rucking tiene ese punto mental que muchas veces se pasa por alto, porque el hecho de caminar al aire libre, mantener un ritmo constante y desconectar del ruido diario puede ser un ejercicio casi terapéutico. No es raro que quienes lo practican hablen de una sensación de claridad o de reducción del estrés, algo que va más allá de lo físico y que termina siendo parte importante de la experiencia.

