La declaración durante más de dos horas de Jésica Rodríguez, ex pareja sentimental del ex ministro José Luis Ábalos, en el Tribunal Supremo este marte no dejó indiferente a nadie. La joven bordeó todas las «trampas» que le pusieron las defensas de Ábalos y Koldo García. Incluso permaneció impasible cuando Marino Turiel, abogado de Ábalos, le preguntó si «ejerce la prostitución».
La pregunta, tras una mañana de largas declaraciones, algunas innecesarias y redundantes, excepto por la declaración de Joseba García Izaguirre, que resultó incluso cómica en algunas ocasiones, agitó las togas en la primera testifical de la tarde. A las 15.30 entraba en la sala de plenos del Supremo Jésica Rodríguez, vestida de negro y con una gran mascarilla que le tapaba la mitad del rostro. Para declarar se la tuvo que quitar.
Comenzó el fiscal, que por la mañana tuvo un rifi rafe con la letrada de Koldo García del que no salió bien parado, al demostrar la abogada que tenía razón sobre un informe de la UCO. El Fiscal Anticorrupción salió en defensa de los guardias civiles y resultó que Leticia de la Hoz, abogada de Koldo tenía razón. El informe se traducía en la acusación de testaferro a Joseba, hermano de Koldo.
Comenzó la Fiscalía preguntando si conocía a Víctor de Aldama, uno de los tres imputados que esta siendo juzgado, aunque en su caso llegó hace meses a un pacto con el fiscal para colaborar con la Justicia. Y lo está cumpliendo.
Jésica contestó que no, pero no sería la primera vez, ya que lo contestaría de similar manera hasta en siete ocasiones, la última ya manifiestamente hastiada que incluso levantó la sonrisa de Víctor de Aldama, a preguntas de la abogada de Koldo: «No conozco a Aldama».
La ex pareja del ministro dijo que había estado con Ábalos desde octubre de 2018 hasta noviembre de 2019. Explicó que se conocieron en Madrid y que lo dejó cuando el PSOE ganó las elecciones generales de octubre de 2019 y comprendió que el ex ministro nunca se iba a divorciar de Carolina Perles, su ultima esposa.
Incluso durante su declaración Jésica «hizo un traje» a Carolina Perles, similar al que le habia hecho Joseba García Izaguirre durante su declaracion. Rodríguez dijo que la esposa de Ábalos «le maltrataba verbalmente e incluso le tiraba cosas cuando le daban ataques de histeria». Todo eso, supuestamente, se lo contó Ábalos durante su relación.
Y cuando aquello se iba convirtiendo en un divertido programa de prensa rosa, llegó el mazazo del abogado de Ábalos, primero preguntó a la mujer dónde había conocido a Ábalos y Jésica respondió que «no recuerdo» y de repente, llegó la pregunta: «¿Ejerce usted la prostitución?», preguntó.
Durante medio segundo la Sala se quedó en silencio, esperando una respuesta, que llegó en forma de protesta de la acusación popular, representada por Alberto Durán, en nombre del Partido Popular: «protesto, señoría, por irreverente, fuera de tono y no procedente».
La verdad es que la pregunta sorprendió por el tono y porque Marino Turiel es un acreditado especialista en derecho penal, al que incluso no se le escuchaba bien por fallos en su micrófono y porque su volumen de voz tiende a ser bajo. En definitiva, es un abogado sin estridencias y de otros quizás hubiera sido más esperada, pero no de Turiel, que incluso se ruborizó mientras la hacía.
Menos mal que al lado tiene a la abogada de Ábalos, Leticia de la Hoz, que debe de ser la abogada más reconvenida por el presidente de esta Sala del Supremo, y que, si su representado es condenado no va a ser por insistencia en las preguntas, aun cuando el presidente de la Sala, el magistrado Martínez Arrieta le pidiese una y otra vez que no realizase preguntas «dirigidas» a los testigos, esas donde se ofrece la respuesta en la misma pregunta. Cuando termine el juicio el presidente del Tribunal se habrá ganado un premio a la paciencia, pero Turiel y De la Hoz se compensan.
El juez, tras explicar que las preguntas eran pertinentes si afectaban al objeto de la causa, pidió al abogado que reformulase la pregunta, pero Jésica sin inmutarse dijo que podía responder fácilmente: «No, soy dentista colegiada». Jésica tendrá muchos defectos, pero tonta se nota que no es. El abogado había preguntado en presente y obviamente la mujer se dedica a su profesión de dentista.
Pero entonces el abogado de Ábalos repreguntó: «Me refería a antes, a su etapa de estudiante» y Jésica no contestó que no lo fuera, añadió algo que no le habían preguntado, «yo era azafata de imagen», dijo, pero sin negar lo anterior. Estaba bajo juramento, como testigo, y no puede mentir.
¿Qué sentido tenían las preguntas sobre el pasado de Jésica? Fácil. La defensa de Ábalos, que llegó a afirmar en voz alta que «había sido captada por Aldama para Ábalos» y retiró inmediatamente la pregunta, y de Koldo García, intentaron sin éxito ligar la entrada de Jésica en la vida de Ábalos con Víctor de Aldama, para inmediatamente construir el relato de que el ex ministro había caído en una trampa puesta por Aldama a la que no pudo negarse y, pobrecillo, sucumbió. De otra manera, no se entendía tanta insistencia.
Aunque para ser una cosa puntual, la relación se alargó durante un año. La mayor parte del tiempo Jésica y Ábalos hablaban por whatsapp, eso sí, desde las 7 y media de la mañana hasta la una de la madrugada, «porque Jose es muy trasnochador», llegó a decir la mujer.
Tras dar por zanjada la relación, la mujer reconoció haber visto de nuevo a Ábalos, «porque terminamos muy bien la relación» y que incluso cenaron juntos en febrero de 2020, el día de su cumpleaños, aunque aquel día Ábalos no la acompañó a casa.
Siempre a preguntas del fiscal, Jésica reconoció que «cuando lo dejamos yo me preocupé por el piso». Hablaba del famoso piso en la Plaza de España que costeaba un socio de Aldama y ella pensó que pagaba Ábalos. Y de la matricula universitaria del año 2020 que pagó Ábalos. «Fue un regalo que no esperaba, Koldo lo gestionó», explicó.
EL GATO DE JÉSICA CASI SE CONVIERTE EN UN NUEVO TESTIGO PARA LLAMAR A DECLARAR
Luego, cuando fue preguntada por qué se quedó en aquella casa hasta 2022, a pesar de no tener relación ya con Ábalos, la mujer argumentó que «creo que se sentía culpable, porque me había dicho que podía estar en ese piso hasta que acabase la carrera» y añadió que se preocupó por «el gato que había adoptado». El gato de Jésica se convirtió casi en un nuevo testigo de cargo, porque justo antes Joseba Garcia Izaguirre había dicho que mientras Jésica y Ábalos estaban de viaje él era el encargado de ir y dar de comer al gato. Un hecho que Jésica no recordaba.
La ex pareja del ministro también dijo que «todo me lo regalaba Ábalos, aunque lo comprasen otros, yo entendía que todo salía de él», aunque a preguntas del fiscal también reconoció que «nunca le vi pagar nada, hasta el tabaco se lo compraba Koldo». Pero Ábalos incluso «me dio dinero, creo que 1.200 euros para pagar la operación del gato».
Durante la mayor parte de esta declaración Ábalos, que ha adelgazado bastante y se le nota con semblante ajado, estaba como ausente, admirando el techo de la Sala de Plenos del Alto Tribunal, excepto cuando la mujer contó sus últimos tres meses en el piso de Plaza de España, con la amenaza de desahucio del propietario, una inmobiliaria.
Jésica explicó que se puso muy nerviosa y escribió a Koldo recriminándole que la habían dejado en la calle. El fiscal leyó un mensaje donde la mujer no decía nada bonito y entonces ella se defendió explicando que «durante esos tres meses les podía haber dicho cosas peores». Fue la única vez durante toda la jornada que se vio reir a Ábalos y Koldo García, que incluso se levantaron en varias ocasiones para hacer indicaciones a sus abogados.
Respecto a su trabajo en Ineco y Tragsatec, la testigo volvió a afirmar que nunca había trabajado pero sí cobrado durante meses y argumentó que «no trabajé porque mi jefe, que era Joseba, no me encargó nada durante ese tiempo». Joseba, sin embargo, dijo antes que ella que nunca había sido su jefe, solo un compañero de empresa.
Le preguntaron también a Jésica que por qué había llamado a Ábalos cuando Koldo le dijo que no contestase a las llamadas de su jefa en Tragsatec y no respondiese los mails. Ahí ha dicho que «Koldo me merecía la confianza justa, no me fiaba de él». En ese momento, Koldo agachó la cabeza mientras la agitaba de un lado a otro. «Yo estaba bajo la tutela de Joseba» y «no sé lo que era Ineco, de hecho pensaba que trabajaba en la empresa de un amigo de Jose (Ábalos)».
Luego ha preguntado la acusación popular cómo se conocieron Ábalos y Jésica y la mujer ha dicho que «no nos conocimos en Atocha, fue en octubre de 2018, fuimos a un pueblo de Sevilla, Koldo, Ábalos, mi amiga Melisa y yo». También ha reconocido que Ábalos le dejaba dinero en efectivo alguna vez que iba a visitarla, pero que «guardaba aquel dinero para nosotros». Es decir, que no lo gastaba y lo guardaba para hacer cosas juntos en el futuro.
JÉSICA DESTAPA LA CAJA DE LOS TRUENOS
Ha sido en ese momento cuando se ha abierto la caja de los truenos contra Carolina Perles, la ex esposa del ministro, como si fuese el programa Salsa Rosa. Que si «se llevaba mal con los otros hijos de Ábalos, se pensaba que los únicos hijos que tenía Jose eran con ella, se llevaba mal con la asistenta, y hasta con sus propios hijos. Se llevaba mal con todo el mundo», declaró.
Menos mal que Carolina Perles no está llamada a testificar en este juicio, porque habría que cobrar entrada para escucharla. A preguntas de la abogada de Koldo García ha dicho que el ex ministro «no se quería divorciar por el impacto que tendría en su carrera política y porque su ex mujer le iba a arruinar la vida».
También explicó respecto al dinero que le dejaba Ábalos que «sé que Carolina no tenía acceso a ese dinero». Luego, sin saber a cuento de qué, la abogada de Koldo le ha preguntado si había hablado con alguien durante la comida. Jésica se ha enfadado y ha explicado que estaba citada por la mañana, pero que luego se lo han cambiado por la tarde y estaba allí desde las 10 de la mañana, que no le habían dado ni agua y que se ha tenido que sacar unos frutos secos de la máquina de vending y esperar durante dos horas sentada en un pasillo».
Luego se ha vuelto a poner la mascarilla y se ha marchado entre las decenas de preguntas de los periodistas que la esperaban a la salida.
