Andalucía tiene esa capacidad de sorprender incluso cuando uno cree haberlo visto todo, y es precisamente ahí, a pocos kilómetros de Granada, donde se esconde una de esas rutas que no se olvidan. Andalucía vuelve a demostrarlo en los Cahorros de Monachil, un desfiladero esculpido durante millones de años por el río Monachil que hoy se recorre entre puentes colgantes, túneles naturales y paredes de roca que parecen cerrarse sobre el camino.
A medida que avanzas por los Cahorros de Monachil, la naturaleza se mezcla con la historia, con restos de antiguas infraestructuras, con leyendas que todavía sobreviven en la memoria local y con huellas humanas que van desde la ingeniería andalusí hasta pinturas rupestres descubiertas hace apenas unas décadas. Todo encaja de una forma casi natural, como si el tiempo hubiera decidido quedarse a vivir en este cañón.
1Un desfiladero con dos mundos en Andalucía
Hablar de Andalucía y de los Cahorros de Monachil es hablar de contraste. El río Monachil, que nace en las laderas del Veleta, ha ido moldeando este paso estrecho hasta crear un paisaje donde conviven dos ecosistemas muy distintos, por un lado el matorral mediterráneo con tomillo, retama o cornicabra, y por otro un bosque de ribera húmedo que transforma el fondo del cañón en un espacio fresco y sombrío.
Esa mezcla hace que el recorrido sea cambiante, casi imprevisible. No es raro cruzarse con aves como la lavandera cascadeña o ver moverse entre las rocas a cabras montesas, mientras árboles poco habituales como el almez aparecen de forma casi inesperada. Andalucía, en este punto, se vuelve más salvaje, más silenciosa, y el senderismo aquí tiene algo de exploración.
